Sobre fútbol y política [Re: [R-P] Lo lamentable]

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Ene 24 09:22:10 MST 2004


Respuesta a: Re: [R-P] Lo lamentable
Remitido por: julio
Fecha: Viernes 23 de Enero de 2004 
Hora: 21:15
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"[Néstor] tutea en un estilo tablonero al presidente de la república 
que ha declarado lamentable la privatización del agua. Y le impetra 
no eliminar los hechos lamentables."

A decir verdad, no sé exactamente cuál es el "estilo tablonero" que 
Julio me critica.  Si se trata de la "dramatización" que hice de mis 
exigencias, con el lenguaje familiar en que uno se dirige a alguien 
que ve en condiciones de hacer más de lo que hace, me parece que no 
tiene muy en claro cómo es que se habla desde el tablón.  

Colijo de ese comentario que Julio tiene poca experiencia en eso de 
saltar en la popu de una cancha cualquiera, mientras su equipo está 
bailando al contrario, ganando, perdiendo o desperdiciando una 
oportunidad. Quizás sea por ello que corresponde que esta respuesta 
sí tenga un fuerte condimento "tablonero"  (teniendo en cuenta que la 
canchita de La Paternal fue una de las últimas que pasó de la madera 
al cemento, quizás me resulte doblemente válido asumir este tono en 
mi respuesta; además es divertido).

Bueno, basta de jueguito para la tribuna. Vamos a los bifes.

No soy un gran conocedor del fútbol, ni un asiduo concurrente a las 
canchas.  La verdad es que desde que tuve pibes dejé de ir, porque 
por esos tiempos la cosa ya se había puesto demasiado espesa para mi 
gusto y una cosa es pasarla mal uno, mientras que otra muy distinta 
es que la pasen mal los hijos de uno; el bolsillo no me daba para la 
platea -además, qué quieren que les diga, a mí la platea no me sirve 
como la popu- y no tenía ganas de arriesgar a mis chicos en lo que 
era una popu por esos días.  

Pero bueno, tengo suficiente tablón como para definirme como alguien 
que ejerció gozosamente esa práctica vicaria de sentir propia la 
habilidad ajena en un deporte donde *es difícil ser un grande si al 
momento de dar un pase no se tiene _la cancha entera (y esto incluye 
a las tribunas)_ en la cabeza*.  Es fácil jugar para el propio 
lucimiento y la propia gloria individual.  Pero eso se llama ser 
morfón.  Lo difícil es ser un grande.  Eso sí lo he aprendido en las 
canchas.  

Por lo tanto, y pese a que hay mucha gente que de fútbol sabe 
muchísimo más que yo, tengo suficiente tablón, en suma, para saber lo 
que significa sentir que tipos como Francéscoli o Maradona -
modestamente y en lo suyo-  ponen a la humanidad un pasito más cerca 
de Dios, porque lo que ellos hacen lo hacen, concientemente, en 
función del equipo donde juegan y de la hinchada que a su mínima 
manera _juega_ con ellos. Eso, que es la materia prima del gran 
jugador, es lo que se llama "la camiseta".

Me gusta el fútbol, y mucho.  Amo en particular el buen fútbol, ese 
fútbol canchero y lujoso que es fama que exhibía la Máquina de Ríver, 
el fútbol de esa gran tradición argentina que -modestamente- ha 
tenido en los Mártires de Chicago (hoy Argentinos Juniors) uno de sus 
mejores cultores y que (según decía Dante Panzeri, un gorila redomado 
pero también un conocedor de fútbol) supo tener en nuestro equipito 
del 62 el último "gran equipo clásico de la historia".  Yo, que ese 
año me terminé de fanatizar por el Bicho, estoy totalmente de 
acuerdo, pese a la amargura que sentí cuando nos afanaron el 
campeonato porque "cómo iba a ganar un equipo chico".  

Pero también sé que el fútbol no se agota en el lujo ni, muchísimo 
menos, en el "fulbito" en que tantas veces se degradó, ay, Argentinos 
Júniors.  Porque en el fútbol no se trata solamente de esa habilidad 
individual de chilenas, rabonas o masitas, ni siquiera de la 
filigrana colectiva de las paredes impenetrables, los tacos 
perfectos,  los contragolpes fulgurantes y (para darle algo a los 
esforzados defensores) ese fatídico pasito adelante del orsái que 
toda buena defensa practica como si lo tuviera metido en los genes. 

No, no alcanza con eso.  En este juego tan impredecible, hay que 
saber desplegar _todas_ las variantes, las limpias y vistosas así 
como las mugrientas y opacas.  Una cosa es jugar con un equipo bueno, 
otra con un equipo malo.  Cuando uno está en inferioridad, esperar a 
tener jugadores y juego de lujo es condenarse al descenso. Los 
partidos hay que jugarlos con lo que se tiene a mano. Y se juega a 
ganar. Siempre se juega a ganar.  De "campeones morales" están llenos 
los anales del fracaso.  En el caso de un país, el fracaso se mide en 
vidas humanas, por lo cual la necesidad de ganar es más imperiosa.

En esto, hasta ahora, hemos hablado del equipo.  Pero también hay que 
hablar de la hinchada y de cómo hace para jugar el partido aunque 
esté detrás del alambrado.  Eso de que "en la cancha somos once 
contra once" es, como mínimo, media verdad.  

La verdad entera es que cuando el equipo de uno está en inferioridad, 
el hincha que va a la cancha no tiene que esperar el "gran juego" que 
el equipo no le puede dar, sino más bien ingeniárselas para ayudar a 
reventar a ese contrario que cuenta con más poder y mejores 
individualidades. Hay que jugar a la pelota como quien juega al yudo. 
Y eso significa, ante todo, evaluar correctamente en qué condiciones 
se encuentra el adversario.  A veces, ante la sorpresa de un cuadro 
chico que, sin tener con qué, sale a mojarle la oreja, hasta el mejor 
equipo se desconcierta y se desorganiza.  Más aún cuando una serie de 
infortunios lo dejó, temporariamente, sin sus mejores figuras.  En 
esos momentos, los grandes dejan de serlo, y los chicos pueden ganar. 
Palabra de hincha del Bicho, que pudo vivir algunas hazañas de ese 
tipo.

Ahora bien: en ese momento, el hincha se convierte -muy modestamente, 
pero quien estuvo en la popu alguna vez sabe exactamente a qué me 
refiero- en _protagonista_, porque con su acción puede ayudar al 
equipo propio o aún amedrentar al otro (si juega en cancha propia).  
La hinchada de Boca es maestra de maestras en esto (no la barra 
brava, la hinchada). Es el famoso "jugador número 12", tan real como 
nuestro (al punto que es en sí mismo un atractivo turístico...)  No 
sólo Boca tiene "número 12".

El arte de la hinchada aquí (y con esto nos acercamos al tema que 
Julio plantea) es el arte de saber cuándo hay que putearlo al réferi, 
cuándo hay que alentar a un cuadro que va perdiendo pero demuestra la 
rabia de querer dar vuelta la cosa, o cuándo hay que impulsar a un 
equipo timorato a hazañas más osadas, porque los del otro lado están 
desordenados.

En la situación política argentina, precisamente, se trata de esto 
último. Se trata de impulsar a un equipo timorato a doblegar la 
voluntad de los de enfrente del único modo que el fútbol reconoce: 
con un buen par de pepas nacidas del puro coraje de los jugadores y 
de la crítica rabiosa de la hinchada.  Todo lo demás, en la cancha, 
es ayudarlo a bajonearse, a irse para atrás, a darle alas al 
contrario.

Dejemos de lado las metáforas:  Julio me pide, en resumen, que tome 
en cuenta que Kirchner está "solo, como un perro solo", y que en esa 
situación debería conformarme con lo que hace, que ya es mucho. 
Agrega que lo que está haciendo Kirchner "es mucho más que lo 
esperado", y con eso estoy de acuerdo, y en última instancia es lo 
_único posible_, con lo que _no_ estaoy de acuerdo.

Para Julio, volviendo por última vez al fútbol, afirmar que se puede 
ganar frente a un adversario en desorden, y que para ello el equipo 
tiene que ir para adelante, apretar, empujar,  jugar sucio, inventar 
penales, hacer goles con la mano, volverlos locos con hechos y no con 
gritos, todo eso es un capricho adolescente que ignora "las 
condiciones concretas de la política."

Creo que se equivoca, y bastante. Las condiciones concretas de la 
política incluyen, y en primer lugar, la decisión personal de quien 
detenta el máximo cargo ejecutivo del país.  Esa decisión personal no 
se demuestra solamente con amagues. El hincha, el que juega pero 
juega con el conjunto, el que va a poner el cuero si hay que salir a 
defender el resultado contra una turba del bando contrario, ése, 
tiene todo el derecho del mundo a exigirle a Francéscoli que se deje 
de hacer promesas. Tiene el deber de hacerlo, para que Francéscoli 
comience a hacer los goles.

Porque en caso de no hacerlos, el adversario, que tiene más oficio, 
va a pasarnos por encima.  

Si a Julio le incomodó mi "familiaridad" de trato, lo pongo de otro 
modo:  en las actuales circunstancias, no corresponde "comprender" a 
Kirchner. Lo comprendemos, creemos que bastante bien. Y es 
precisamente  porque lo comprendemos, porque sabemos que tiene varias 
cosas que lo lastran desde el pasado y porque confiamos en la 
veracidad de su compromiso patriótico y nacional, que tenemos que 
exigirle que (yendo al caso bien concreto) en lugar de andar 
lamentándose por la privatización ajena lance la auditoría propia 
contra la entrega de las aguas corrientes y el saneamiento ambiental.

Aquí no se trata de "sumarse" a Kirchner. Aquí se trata de impulsar a 
Kirchner y sus mejores apoyaturas a asumir el papel que la Argentina 
necesita que asuman. Y si Kirchner cree que _para eso_ nos necesita, 
entonces nos llamará si está decidido a ganar el partido.  Entonces, 
sí, bajaremos de la tribuna y llenaremos la cancha.  Allí, el partido 
será otro.  

Pero mientras tanto, justamente porque vemos al contrario 
desconcertado, y porque vemos que el puesto que tiene le permite 
ponerse al equipo en el bolsillo siempre y cuando cuente con el apoyo 
incondicional de una tribuna satisfecha con goles (no con 
declaraciones), precisamente por eso es que le grito al verlo frente 
al arco libre (ahora sí con lenguaje de tablón): "¡Hacé el gol, 
pingüino, no te cagues y mandate, reventalo a ese hijo de mil 
putas!!".

Kirchner no necesita más que lo que necesitó Perón: la confianza en 
que si actúa audazmente, cada acto reforzará al siguiente.  Me parece 
que hay que planteárselo en todo momento, a él y a todo el mundo.  
Otra táctica, creo, lleva a un lamentable empate en cero, o, peor 
aún, a una derrota más.

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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