[R-P] Informe al Tcnl (R) Santiago Roque Alonso

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Mie Ago 18 13:23:06 MDT 2004


Recibido y retransmitido
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¿Para quién trabaja Kirchner?

Por Santiago Roque Alonso

En el ejemplar anterior, pusimos la atención sobre un
hecho – “Dialéctica entre giles”- que a nuestro
criterio domina la realidad política Argentina de
nuestros días. Es muy probable que muchos no lo
entiendan y otros lo comprenden pero no lo reconozcan
por sus ataduras ideológicas o, porque al desaparecer
sus esquemas tradicionales, no quieren tomarse el
trabajo de repensar la nueva situación. 

Es indiscutible que el país se debate desde hace
décadas en un estéril proceso dialéctico o en una
serie continuada de confrontaciones permanentes, pero
con la singularidad de que el contenido de las
proposiciones, cualquiera sea el bando, se basan en
afirmaciones absolutamente falsas. Sin embargo, cada
una de ellas ha sido asumida ingenuamente como
verdadera por los distintos sectores de la sociedad
que se encuentran en mutua oposición. Un ejemplo claro
de esta  falsas oposiciones dialécticas ha sido
desarrollada en el artículo “La verdad sobre el
artículo 40” de la Constitución de 1949, o bien, si se
comparan las declaraciones de Perón sobre el “Capital
Extranjero” (realizadas en 1946), respecto a la marcha
del Partido Peronista - aún vigente y a pesar de la
entrega menemista- en la parte en que expresa
“combatiendo al Capital” (Ver Pág. 8). Con lo señalado
no se pretende crear una polémica, ya que no estamos
haciendo historia, sino destacar la esterilidad de las
confrontaciones dialécticas falsas.

Por esa razón, creo conveniente reiterar que cuando
nos referimos a una “Dialéctica entre giles”, estamos
hablando de una dialéctica entre tontos, o incautos u
otarios, que asumen esa condición porque se han dejado
embaucar o engañar fácilmente. Y esto último ha
ocurrido, según mi opinión, por dos causas principales
de naturaleza subjetiva. Una de ellas es porque los
argentinos son mayoritariamente crédulos e ingenuos. 

La otra, que además es complementaria de la anterior,
es atribuible a la ignorancia política, que no es otra
cosa que la falta de conocimiento político fundado.
Las graves falencias educativas y en la formación de
la responsabilidad cívica han contribuido a dicha
ignorancia, pero también esta deviene de la comodidad,
de la negligencia, del desinterés, de la desidia, de
la falta de curiosidad, de la indiferencia, de un
acendrado individualismo egoísta, del rechazo por la
cosa pública y de la preocupación por el bien común de
la sociedad nacional. Estas características
constituyen una faceta negativa de la personalidad
colectiva de la población Argentina. Tal vez, de ahí
derive la facilidad con que los argentinos delegan en
otros el manejo de la cosa pública o colectiva y su
consecuente actitud pasiva frente al poder, hasta que
el hartazgo del desmanejo político lo coloca en la
antípoda o en el punto extremo del péndulo,
generalmente por poco tiempo, hasta que nuevamente
vuelve a delegar y hacer que otro – el líder
mesiánico, el hombre gris, el hombre del Norte, etc.-
se ocupe de la cuestión pública, y así sucesivamente.

Pero nada de lo anterior es válido si no se consideran
la causa que propicia el clima de ingenuidad y
credulidad que objetivamente facilita el embaucamiento
o el engaño del pueblo detrás de falsas consignas
dialécticas. Dicha causa se encuentra en la
manipulación de la población a través de dos vectores
que se complementan entre sí: la mentira política
sistemática y la manipulación sicológica de la
población a través de los medios de comunicación.
Estos dos vectores sólo se ponen en acto con dinero,
por lo que el “dinero” es el elemento objetivamente
substancial para su funcionamiento. Pero para que
ambos sean operativos, es necesario que haya una
necesidad dentro de un determinado contexto; y éste es
proporcionado por el Sistema o Régimen de dominación,
en particular su estructura jurídica-política (leyes,
partidos políticos, sistema de representación y
electorales, etc.). Ésta es la encargada de proteger y
asegurar a través de los gobiernos gerenciales de
turno, el funcionamiento permanente de la estructura
económica-financiera, o sea, la “gigantesca bomba de
succión y expoliación de la riqueza Argentina”, en
beneficio del capital extranjero o “imperialismo
internacional del dinero” (Pío XI, Encíclica
Cuadragésimo Anno), que funciona ininterrumpidamente
desde hace 152 años (derrota de Caseros).   

La “dialéctica entre giles” frente a la realidad
“chica o de corto plazo”

En las últimas cuatro semanas se ha intensificado la
tensión social y política y, consecuentemente, se han
acrecentado los rumores que ponen en duda la
gobernabilidad.

Ya no es un secreto ni un supuesto del análisis, la
confrontación dentro del peronismo entre Kirchner y
Duhalde, cuestión ésta que Patria Argentina fue el
primero en exponer públicamente (“Kirchner no
finalizará su período”, Diciembre de 2003), planteo
que se adelantó, porque apreciábamos que ello
ocurriría en los primeros meses del año entrante. 

Obviamente, la situación se modificó y ya no se
producirá como un asunto puramente peronista, sino que
ambos términos en contradicción han sumado y restado
otras tantas de menor magnitud y de distinta
naturaleza, las cuales se presentaban aisladamente,
pero que ahora son parte de una confrontación
dialéctica mayor que las asume. Así ocurre con el tema
de la “guerra social” o mal llamada “inseguridad”; la
violencia de los “piqueteros”; la pasividad y ataque a
la Policía Federal; la continuidad de las “purgas” en
la Policía de la Provincia de Buenos Aires; la
eventual inquietud en la Gendarmería por la revisión
de legajos por el CELS durante la guerra
antisubversiva; la persecución judicial a miembros de
las FF. AA. por la supuesta violación de los derechos
humanos; la actitud de algunos gobernadores frente a
las leyes de Responsabilidad Fiscal y de
Coparticipación exigidas por el FMI; la división del
bloque peronista en la Cámara de Diputados; la crisis
energética; el aumento de las tarifas de las empresas
de Servicios Públicos; la inflación incipiente y la
insuficiencia de los salarios actuales para hacerle
frente; el amesetamiento de la economía; las
candidaturas en la Prov. de Buenos Aires y otros
distritos del interior del país; la compra de
voluntades políticas por parte del Gobierno Central,
mediante el manejo discrecional de partidas
presupuestarias; la decepción de los enrolados en la
supuesta “causa nacional de la deuda externa” que
pretendía liderar el Presidente Kirchner;  así como
otros temas más.

Como puede observarse, se trata de una larga lista de
cuestiones que hace seis meses era impensable
alinearlas con uno u otro término de la confrontación
dialéctica básica que planteamos: kirchnerismo vs.
duhaldismo. En última instancia, lo que se avizoraba
como una lucha puramente por el poder (internismo
partidario), ha derivado en una disputa`por la
conducción de los pocos restos que sobreviven del
Estado Argentino. En otras palabras, lo que ahora se
juega es la permanencia en el poder de Kirchner y su
puñado de seguidores.

La “dialéctica entre giles” frente a la “mega”realidad


¿Pero eso es verdaderamente la realidad política
Argentina? No. Lo que sumariamente hemos tratado de
describir es la “realidad chica”, la realidad “de
corto plazo”. Hay otra realidad, es la que mira a la
Argentina dentro del contexto mundial. Y en este caso
hay una visión que es abarcadora y determinante, es la
realidad de la Argentina “deudora”, de la Argentina
que “no paga” y que se encuentra en “default”, de la
Argentina cuyo discurso no se avendría a pagar lo que
sus acreedores quieren que pague, pese a que siempre
lo ha hecho religiosamente – con Duhalde y con 
Kirchner- tanto al FMI como al BM y al BID. 

Esa Argentina no está enfrentada únicamente a los
acreedores privados, como irresponsable y
antojadizamente pretende hacernos creer el señor
Kirchner, sino que ha sido cercada y entrampada por el
FMI, el BM, el BID y el G7, es decir, la flor y nata
de la usura internacional.

Desde el colapso generalizado en diciembre de 2001,
hemos reiterado una y otra vez desde las humildes
páginas de Patria Argentina, que en la negociación de
la “deuda externa” se jugaría el SER o NO SER de la
Nación Argentina; que era preciso que la clase
dirigente entendiera que en las negociaciones debía
enfrentar a los tiburones de la usura internacional;
que la negociación no sería un mero diálogo, sino una
confrontación de poderes y de voluntades en oposición;
que ante a esa eventualidad, la Argentina debía
concentrar el máximo Poder Nacional posible, reuniendo
en un solo puño la totalidad de la voluntad nacional,
a la vez que debía preparar a la población para
afrontar graves y grandes sacrificios; que se debía
prever que los usureros internacionales ejercerían
tremendas presiones y crearían situaciones de tal
naturaleza a la Argentina, al punto de provocar que el
país llegue arrastrándose a la mesa de negociaciones
y, de esa forma, imponer su voluntad.

Nada de eso se previó ni se hizo, mucho menos la
“unidad nacional”. Aún más, tenemos la convicción de
que todavía el gobierno de Kirchner no sabe con quien
están tratando ni tiene idea alguna de lo que tiene
que hacer. Lo peor de todo, se perdió estúpidamente un
año en bravatas y discursos de barricadas sin sentido
alguno.

Conclusiones

Entonces, ¿cuál es el punto de contacto entre la
“realidad chica” y la “mega realidad” que enfrenta la
Argentina?

La “realidad chica” está dada por la multitud de
confrontaciones dialécticas falsas que hemos descrito
más arriba, cuya finalidad no es otra que debilitar el
Poder Nacional y crear las peores condiciones de
gobernabilidad, para que la Argentina se presente a la
negociación final sin nada de poder y no tenga otra
opción que rendirse “incondicionalmente” y aceptar
obedientemente las imposiciones de los tiburones de la
usura internacional. 

Es decir, la “realidad chica” se encuentra al servicio
de la “mega realidad” en la cual está encorsetado el
país.  En ese sentido y para esos fines, la
“dialéctica entre giles” está diseñada, pagada,
alentada y conducida por los acreedores del país y por
los usureros internacionales para provocar los efectos
mencionados. Se trata de una gigantesca e inadvertida
manipulación para que la Argentina pague y pague lo
que sus acreedores quieren; es decir que esa
gigantesca bomba de succión de la riqueza Argentina
siga funcionando como hasta ahora y a pesar de la
pavorosa crisis que debe padecer su pueblo.
Precisamente, en ese punto radica la diferencia con
las décadas pasadas: en ese entonces los tiburones de
la usura permitían que algunas monedas de la bomba de
succión cayeran en territorio nacional, lo que
facilitaba cierto grado de bienestar a gran parte de
la población; ese no es el caso en la situación
actual. Ahora han afiatado el funcionamiento de la
bomba y ésta sólo tiene pequeñas pérdidas, que son
insuficientes para brindar un mínimo del antiguo
bienestar que gozaron la mayoría de los argentinos.

Por esa razón, son inexplicables los D’elia, los
Castells, los Pitrola  y otros. Tan inexplicables como
los Bonasso, los Verbitsky, las Bonafini, las Madres,
los Hijos, como los ataques y desmantelamientos a las
policías, a las Fuerzas de Seguridad y a las Fuerzas
Armadas.

Pero mucho más inexplicables e irracionales son las
decisiones, actitudes y dichos del Presidente Kirchner
y sus seguidores respecto a la “descolgada de
cuadros”, la ESMA, el Museo de la Memoria, las
afrentas a las policías de “gatillo fácil”, a sectores
de la Iglesia, el aliento e impunidad a la violencia
piquetera, la reclusión de las policías dentro de las
comisarías, etc. 

En síntesis, el velado estimulo a la anarquía que
emite el gobierno del Presidente Kirchner podría
traducirse, tomando como referencia parcial el título
de una película: Licencia para incendiar. Si eso fuera
cierto habría que preguntarse: ¿para quién y para
hacer qué trabaja Kirchner?



	
	
		
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