[R-P] 11-Set-2002: Digna posición de un periodista pampeano
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Vie Sep 20 06:39:47 MDT 2002
No toda la prensa argentina es vomitivamente canalla. A veces, hay
voces disonantes. Es mejor, entonces, escucharlas antes de que las
acallen.
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Subject: Artículo de E. Marín en diario La Arena sobre aniversario
del 11 de setiembre, 14/9
www.laarena.com.ar
A UN AÑO DE LOS ATENTADOS, BUSH CONTINÚA CON LA GUERRA
¿A quién creerle, a Eduardo Duhalde o a Nelson Mandela?
Ciertos acontecimientos históricos, por dolorosos que
sean, pueden tener la virtud de reagrupar a la opinión pública en
bandos bien diferenciados. Como se dice en política, se convierten en
divisorias de aguas. Y con el 11-S ha pasado algo de eso, ya que por
debajo de una condena casi unánime, se profundizaron los abismos que
separaban a esos críticos. Hasta el gobierno de Irak deploró las
muertes de tantos inocentes en las Torres Gemelas pero pidió la misma
sensibilidad para con sus niños muertos por el hambre y el bloqueo de
la ONU desde agosto de 1990. A un año de que los aviones se
estrellaron contra el WTC, Estados Unidos ejercita la venganza.
Eduardo Duhalde lo secunda y Nelson Mandela lo cuestiona. Es obvio a
quién hay que creerle.
DECLARACIÓN DE GUERRA
El discurso de George W. Bush ante la asamblea general de
las Naciones Unidas, el 12 de setiembre, fue una declaración de
guerra. Y no sólo contra Irak, al que conminó a desarmarse o sufrir
una guerra inevitable. También contra el resto del mundo, ya que el
cowboy texano ninguneó a la ONU, preguntándose: "¿Servirán las
Naciones Unidas al propósito de su fundación o serán irrelevantes?".
El mandatario buscó sumar a la entidad mundial a su campaña de
guerra, asegurando que el Consejo de Seguridad se había creado para
"que las acciones de los países miembros consistan en algo más que
hablar".
Su ultimátum al gobierno iraquí carece del mínimo
principio de equidad. La superpotencia que tiene miles de ojivas
nucleares y misiles estratégicos en sus arsenales, rampas,
bombarderos, navíos y submarinos; el ejército más poderoso de la
Tierra, que en este ejercicio fiscal gastará 366 mil millones de
dólares pedidos por Bush y votado por el Capitolio; el país que gasta
en armamentos más que los otros diez países que le siguen en orden al
rubro defensa y seguridad; el mismo que tiene hasta el techo sus
arsenales no sólo nucleares sino también convencionales, químicos y
bacteriológicos, dentro de su país y en bases del extranjero, ¿ese
país tiene derecho a conminar a otro a desarmarse unilateralmente o
resignarse a que lo borre del mapa?.
No tenemos simpatías por Saddam Hussein pero es obvio que
no puede desarmarse cuando en la zona del Medio Oriente lo apuntan
los misiles de la VI Flota del Mediterráneo, la V Flota del Mar
Arábigo y la VII Flota del Indico. Y cuando los propios medios
estadounidenses han publicado que una de las opciones consideradas
por el Pentágono es una campaña de bombardeos contra Bagdad y el
rápido desembarco desde países vecinos de un cuarto millón de
soldados.
SIN PRUEBAS
En los días previos se especuló con que el presidente iba
a poner sobre el tapete de la ONU las pruebas que tenía sobre la
existencia de armas de exterminio en manos de Irak. No hubo nada de
eso, sólo acusaciones superficiales de que el país árabe es un
"peligro para la paz mundial".
La semana antes que se hicieran tamañas acusaciones
antiárabes, el ex mandatario James Carter escribió en una columna de
opinión en The Washington Post que "Bagdad no es un peligro para
EE.UU.". En cualquier momento la Casa Blanca acusa a Carter de ser un
"comunista" o miembro de la "red Al Qaeda" (están enojados con él
porque ya viajó a La Habana y pulverizó la acusación de la
administración Bush de que la isla tenía armas biológicas).
Esa acusación del funcionario John Bolton fue tan falsa
como las que repitieron Bush y Donald Rumsfeld, secretario de
Defensa, contra el presunto armamentismo de Bagdad. Como ya comentó
LA ARENA en varias oportunidades, la comisión de las Naciones Unidas
para el desarme iraquí, UNSCOM, operó en el terreno entre 1991 y 1998
y no encontró nada. Así lo admitieron los responsables de esa
comisión, el australiano Richard Butler, el norteamericano Scott
Ritter y el sueco Rolf Ekeus. Ritter estuvo días atrás en Irak y
declaró a la CNN que las armas de exterminio masivo son una patraña
lanzada por Washington para justificar una agresión.
DIGNIDAD DEL VIEJO GUERRERO
Nelson Mandela dejó la presidencia de Sudáfrica pero no
la costumbre de hablar claro y fuerte. En un reportaje a la revista
Newsweek, reproducida por la BBC on line, el viejo guerrero del
Congreso Nacional Africano y su grupo guerrillero Lanzas de la
Nación, aseguró que la política exterior de EE.UU. "es una amenaza
para la paz mundial".
El hombre que estuvo 27 años preso de los racistas de
Pretoria apoyados por la superpotencia y el Reino Unido, puso otro
dedo en la llaga al hablar de Medio Oriente. Mandela dijo que "Israel
tiene armas de destrucción masiva, pero nadie habla de eso".
Sin llegar a ese nivel de dignidad, la reunión de la Liga
Arabe realizada hace casi diez días en El Cairo, también puso límites
severos a los planes norteamericanos de agresión. Los 22 países
miembros pidieron "el levantamiento de las sanciones impuestas a
Irak" y "el cese de cualquier forma de injerencia en sus asuntos
internos". El cónclave apoyó la propuesta de Hussein de estudiar la
autorización para el regreso de los inspectores de armas de la ONU
dentro de una solución global que incluya el cese del bloqueo
dispuesto por el Consejo de Seguridad hace doce años.
Ajeno a la resistencia que su política de agresión genera
en diversos confines del globo, Bush insistió ante la ONU que "por
herencia y por decisión propia, los EE.UU. adoptarán esa posición (de
adoptar medidas decisivas contra Irak)". La alusión a la herencia
bien pudo ser entendida como que su política invasora de hoy es la
continuidad estrictamente familiar de la "Tormenta del Desierto"
lanzada por su padre en enero de 1991. ¿Quién dijo que las dinastías
estaban sólo en Ryad, Doha o Kuwait?.
INDIGNIDAD DEL CANCILLER
El primer aniversario de los atentados dejó mucha tela
para cortar en Argentina. Por ejemplo, en la política de los medios
de comunicación, por lo general alineados con la visión
norteamericana del mundo. No nos pareció mal que los canales de
televisión dedicaran programas especiales al 11-S. Sí que las
opiniones allí volcadas estuvieran en más del 90 por ciento
impregnadas del punto de vista de la Casa Blanca. Además fue
deplorable que los Mariano Grondona, Oscar González Oro, Andrés
Repetto y otros periodistas por el estilo occidental y cristiano
dieran cámara preferentemente a elementos ligados a los servicios
como French, el ex director de la SIDE menemista; el coronel retirado
Luis Prémoli (uno de los cráneos que vaticinaban el fracaso inglés en
la recuperación de Malvinas basados en estimaciones numéricas) y el
nunca retirado Rosendo Fraga. A diferencia de la gente honesta que
seguramente sintió náuseas cuando vio por TV la inauguración de la
Bolsa de Wall Steet decorada este 11 de setiembre como gran símbolo
patriota y con dotación de soldados, aquella fauna entró en estado
orgásmico. Y a propósito, ¿por qué no dedicaron ediciones especiales
a recordar la masacre de Avellaneda, donde la policía y fuerzas de
seguridad masacraron a los piqueteros?.
Siguiendo con la línea de la indignidad hay que incluir
al cónsul argentino en Nueva York, Juan Carlos Vignaud. El miércoles,
éste elogió como "discurso memorable" la basura unilateralista de
Bush, de setiembre del año pasado, cuando negó la posibilidad de que
los países pudieran ser neutrales ante su "guerra antiterrorista".
El vasallaje siguió con el canciller argentino en la ONU. Allí, de
paso y sin siquiera una reunión formal, Carlos Ruckauf le dijo a Bush
que contara con el acompañamiento de Argentina para la campaña anti-
Irak. Esto no podía sorprender a nadie. El presidente cubano, quien
había calificado como "lamebotas" a la administración De la Rúa, dijo
en abril último que la duhaldista era "lamesobras".
Más grave que esos hechos fue que el gobierno argentino preparara el
11 de setiembre una tribuna especial en la Escuela Superior de Guerra
para que disertara el embajador norteamericano ante cientos de
oficiales. James Walsh aprovechó el "Seminario sobre Política y
Estrategia" para insistir en "que todos los países del mundo se unan
en una coalición contra la amenaza del terrorismo". Halagando los
oídos de los generales Ricardo Brinzoni y Juan Carlos Mugnolo, el
diplomático señaló que "en la concepción de EE.UU. el poder militar
es una herramienta clave en la guerra contra el terrorismo". De ese
modo dio una clara señal a los militares argentinos para que
presionen sobre el gobierno para asumir también aquí ese rol de
"herramienta clave".
Uno de los conceptos más peligrosos de Walsh fue que los militares
tienen que estar alertas ante "instituciones de caridad y
organizaciones originalmente legítimas que pueden estar infiltradas
por las bandas terroristas". Su discurso fue neofascista, al punto
que algunas agencias de noticias nada izquierdistas pusieron en sus
cables que "por momentos
pareció recordar la lucha antisubversiva en la década del ´70 bajo el
paraguas de la doctrina de la seguridad nacional".
Por supuesto, la culpa no fue del embajador, que no hizo más que
bajar la
línea de su gobierno ante la oficialidad. La culpa fue de Duhalde y
la cúpula
castrense que lo llevaron a ese seminario con luz verde para decir lo
que
dijo.
EMILIO MARÍN
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca
nada porque empieza por depreciarse a sí mismo".
Pedro Albizu Campos, compatriota puertorriqueño de todos
los latinoamericanos.
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