[R-P] FW: Un debate sobre los inocentes sacrificados LA CATÁSTROFE ALIMENTARIA/Un articulo de Jorge Rulli

Bibiana Apolonia bibiapo en sinectis.com.ar
Lun Nov 25 06:01:52 MST 2002


----- Mensaje original ----- 
De: "NAC & POP" <nacypop en ciudad.com.ar>
Asunto: Un debate sobre los inocentes sacrificados LA CATÁSTROFE ALIMENTARIA/Un articulo de Jorge Rulli 


LA CATÁSTROFE ALIMENTARIA Y LA DEFENSA DEL MODELO

por Jorge Rulli


En las últimas semanas, y en medio de los debates generalizados que ha
producido el impacto de la muerte de niños por hambre y desnutrición,
numerosos legisladores, dirigentes y técnicos del campo llamado progresista
han insistido en reiterar una idea que pareciera serles básica para
construir determinados pensamientos políticos.

Ellos dicen de modo textual y enfatizado que los problemas alimentarios de
la Argentina no son de producción sino de distribución, que podríamos
alimentar a mucha más  población de la que tenemos y algunos hasta se
atreven a cuantificar en 262 millones de personas las que podrían comer
supuestamente con nuestras exportaciones.

Más aún todavía, se ha insistido públicamente y desde el campo popular en
afirmar que seguimos siendo la principal fuente de proteínas y principal
país exportador de alimentos del mundo.

Lo ha gritado públicamente en la plaza de Tucumán uno de los principales
líderes sindicales de la oposición, en medio de una provincia africanizada
por causa de los monocultivos  y cuando es evidente que la única manera de
sostener alimentariamente a esa población en la emergencia y sin modificar
el modelo de producción de monocultivos de soja y de limones, sería la
implementación de planes masivos de producciones para el autoconsumo.

Los niños de Tucumán no sólo son víctimas de la desnutrición, son también
las víctimas inocentes de la implementación de planes alimentarios con sojas
transgénicas. Habíamos anunciado un etnocidio silencioso, hoy podemos ya
hablar de numerosos homicidios que deberían ser investigados. La mal llamada
leche de soja es totalmente careciente  de calcio y de hierro, y por lo
tanto proveerla a niños anémicos es absolutamente contraindicada, en
especial  porque le inhibe además al niño la incorporación de calcio que
pueda hallar en otros alimentos.

Esto no puede ser ignorado por los médicos ni por los nutricionistas y aún
menos por los legisladores y responsables políticos de la Provincia de
Tucumán.  Hemos repetido hasta el cansancio y desde hace años nuestras
prevenciones frente a la manipulación genética de los organismos y sin
embargo la mayor parte del progresismo no ha querido escucharnos y se ha
burlado de campañas que en otros países merecían los mayores apoyos de los
líderes y las organizaciones sociales.

¿Puede, me pregunto, ser tan arraigada en estos dirigentes locales la fe en
la idea del carácter inexorable del progreso y la imposibilidad de
comprender que los problemas del poder y del control están íntimamente
vinculados a los desarrollos tecnológicos? ¿Realmente pueden creer, tal como
lo afirman, que esta Argentina exportadora de commodities transgénicas puede
alimentar a una población siete veces mayor que la existente? ¿Ni siquiera
se han enterado que en el año que comienza no solo deberemos importar
lentejas, arvejas, garbanzos y tantos otros alimentos, sino también leche,
porque ya no podremos abastecer el mercado interno dado que los tambos se
reconvierten masivamente a los monocultivos de soja?

Entendemos sí que ese diagnóstico erróneo los lleva a sostener el llamado
schok distributivo, una sandez de proporciones gigantescas que se lanzó a
finales de los 90 en un país eminentemente productor de forrajes, y en el
que más de la mitad de los alimentos consumidos provenían de la importación.
¿O acaso mienten porque especulan políticamente con candidaturas vinculadas
a las corporaciones del campo? Corporaciones y candidatos que son
dependientes del corralito de las cuatro grandes representaciones gremiales
institucionalizadas alguna vez por Alfonsín; corporaciones que apoyaron el
modelo de los monocultivos subsidiados por las empresas, que se aliaron a
las transnacionales para multiplicar en el país a las semillas transgénicas
y que ahora tienen con Monsanto el resentimiento de que les pretenda cobrar
las regalías de sus semillas Genéticamente Modificadas o que les impide
abastecerse con un Glifosato más barato proveniente de ChinaŠ

Si la propia Central de los trabajadores les propone a los pequeños y
medianos productores rurales como alternativa que se asocien a fin de
aumentar su escala productiva, reducir los costos y ganar en competitividad
para mejorar su poder de negociación frente a los actores predominantes de
las diferentes cadenas productivas (textual), es porque de lo que se  trata
desde la perspectiva de este ³progresismo² es de no cuestionar el  modelo de
producción sino, por el contrario, de reforzarlo, aumentando las
exportaciones y con el apoyo del INTA  y de las Universidades romper, tal
como nos manifiestan en sus postulados,  la dependencia que tenemos
actualmente con las transnacionales respecto a la Biotecnología.

O sea que la oposición nos propone ahora una biotecnología nacional en manos
del INTA, más del mismo modelo de monocultivos a escala y seguramente más
planes Trabajar y programas paliativo asistencialistas como el Pro Huerta,
que aumentan Deuda Externa y  permiten acolchonar socialmente a las
crecientes hambrunas de los excluidos.

Les resulta evidentemente imposible aceptar que  entramos en la economía de
la soja, quizá porque no pueden hallar en los manuales de que se alimentan
intelectualmente y que refieren a los tiempos de  los imperialismos, los
elementos y antecedentes que les permitan tomar conciencia de esta
redistribución  de roles planetarios que implica la globalización y en la
que los cultivos de soja en la periferia y la producción de carnes en
encierro con balanceados en los países centrales son absolutamente
funcionales al sistema.

Menos aún les resulta posible comprender que somos un país laboratorio en
que Monsanto Cargill ensayan con absoluta impunidad sus alimentos de origen
transgénicos. ¿Cuántos niños más habrán de morir, nos preguntamos, cuánto
deberán crecer los índices de alergias, de resistencia a antibióticos, de
linfomas, cuantos argentinos habrán de ser definitivamente modificados en su
capacidad de pensar y en sus  conductas por la ingesta masiva de
fitoestrógenos que funcionan como disruptores hormonales?

El nudo del problema es siempre cultural y refiere al arraigo, al nexo con
la tierra y al fundamento del pensar.  El sistema  ha transformado a
nuestros chacareros en farmers o en chacrers como gusta bautizarlos con
regocijo Clarín Rural y ello significa que han dejado de sentir a la tierra
como un lugar de pertenencia y  que han extraviado los hábitos de los
policultivos y de la sustentabilidad que practicaron sus abuelos, a la vez
que se han convertido en dependientes totales del mercado al que venden sus
producidos y en el que se abastecen de sus insumos y lo que es aún peor
hasta de sus alimentos.

Sumemos a ello el lavado constante de cerebros que realiza Canal Rural sobre
los productores y todos los suplementos rurales de los grandes y pequeños
diarios manejados todos, por el mismo equipo de poder mediático vinculado a
las Empresas de los Agro negocios, y comprenderemos la razón de que la
economía de monocultivos de soja se instalara con tanta fuerza en la
Argentina. 

El primer lugar al que llegó la soja en la Argentina fue la provincia de
Tucumán, hace ya varios decenios, no sorprende entonces el actual estallido
de la hambruna. Es su consecuencia directa. Como lo fue a todo lo largo del
país el despoblamiento del campo, la desaparición de centenares de pueblos y
la indigencia creciente en las ciudades.

Que se denuncie la expulsión de cientos de miles de pequeños productores y
su endeudamiento a los Bancos sin cuestionar al modelo que lo produjo, no
solo sorprende sino que admira por la capacidad de fariseismo de nuestra
dirigencia progresista.

Se  rinden ante el paradigma del productivismo y es  por ello que se
obstinan en proponernos el asociacionismo como un medio de disminuir los
costos y aumentar las escalas.

En realidad consideran a las tierras como bienes que se poseen y no como
lugares de arraigo.

Han desangelado las luchas políticas acompañando desde posiciones de
izquierda al neoliberalismo que preserva una fe ciega en el mercado como
elemento regulador de la sociedad.

Si los reclamos que hacen para que se presupueste a instituciones como el
INTA los hiciéramos extensivos a la  Policía de la Provincia de Buenos
Aires,  quedaría más en evidencia la propuesta aberrante.

¿Qué les hace suponer que el INTA como  institución puede ser excluido de
responsabilidad grupal e individual en el actual desastre que vivimos?
¿Acaso el que esté integrado el  INTA por sectores medios y profesionales
los mueve a una solidaridad grupal?

Pero, puede ignorar un legislador opositor que reclama por mayores
presupuestos para el INTA, que el INTA propició la Revolución Verde, que
respaldó los monocultivos y el uso abusivo de agrotóxicos, que resulta
ineludible vincular al INTA  con la creciente desertificación, que se ha
tornado habitual desde hace añares que los funcionarios del INTA cobren por
dobles ventanillas y que son las grandes empresas las que auspician todas
las líneas de investigación de una institución que de nacional sólo preserva
el nombre. ¿Y puede pensar la Central de los trabajadores que esa misma
institución puede manejar una Biotecnología nacional, cuando ya lo está
haciendo de un modo abierto al servicio de las Transnacionales?

¿Cuál sería la diferencia entre los progresistas que reclaman presupuesto
para aquellos que desde el INTA buscan desarrollar tecnologías de
agricultura satelital y los reaccionarios que reclaman mayores presupuestos
y más vehículos para la policía del gatillo fácil y el baño en el Riachuelo
para los adolescentes de los asentamientos? ¿No parecieran acaso los unos
con los otros compartir ciertos paradigmas, al menos el de manejarse con
recetas y el de creer que ésto no es una catástrofe sino una Crisis y que
sin refundación mediante aún se pueden hallar soluciones parciales para las
instituciones de la República?

Nos preguntamos si además de ausencia de una reflexión  profunda que puede
ser solo pereza intelectual, hay ignorancia, mala fe o algo mucho peor y nos
referimos a la definitiva impotencia de una clase que parece  absolutamente
incapaz de cuestionar los fundamentos del sistema pero que en cambio pone
toda su energía en la disputa por el poder dentro del movimiento popular.
Son los mismos que fracasaron en el 99  y que mostraron en la conducción de
ciertos ministerios tanto como en la propia conducción del INTA una
definitiva ineptitud a la vez que un abroquelado respeto por las formas
funcionariales del Estado liberal.

Son tan hábiles para disputar poder en el campo popular como ineptos para
desarrollar capacidad de gobierno en el Estado en construcción. Por ello
creemos que en el escenario  político expresan una presencia espectral que
se nutre de invisibilidades y de ausencias.

Cuando decimos invisibilidades nos referimos a ese  sentido de lo sagrado
que tiene lo rural, a todo lo concerniente a la vida en el campo, a los
grandes temas del arraigo y de la Cultura con mayúscula que se hallan
ausentes de las agendas y de los discursos políticos. Y cuando decimos
ausencias nos referimos a los debates que nos debemos acerca del Poder y del
Estado. 

Creemos que la confusión entre ambos conceptos, ha venido abonando el
peligrosísimo plano inclinado hacia la disolución nacional en que nos
encontramos. 

La idea del asalto al Poder impregnó todas las luchas de los setenta bajo la
influencia militar de los mismos sectores sociales y culturales con los que
hoy debemos enfrentarnos en esta discusión sobre el Estado y el poder y los
modos de ejercer la acción política.

En la Rusia feudal de principios del siglo veinte era comprensible que los
atributos y los símbolos del Poder parecieran instalados en lugares tan
significativos como el Palacio de Invierno, y que su ocupación armada por
parte de los revolucionarios expresara de un modo claro y terminante el
cambio  radical e irreversible que se vivía en lo social.

Es muy probable que en la Cuba de la primera mitad del siglo veinte, los
rasgos brutales del autoritarismo de Batista justificaran plenamente el
asalto de Echeverría en la Habana a la casa de Gobierno o el asalto de Fidel
al Cuartel Moncada. Pero nada justifica que nuestros paradigmas y creencias,
si bien continúen anclados en antiguas verdades, mantengan con ellas
acríticas lealtades.

El Estado Argentino como instrumento del desarrollo y garante de reglas
sociales de convivencia,  fue sistemáticamente demolido por los militares
primero y más tarde por el menemismo.

En lo que resta del Estado, esos relictos del Estado que alguna vez
conocimos, fueron cuidadosamente instalados tanto  por los radicales como
por los menemistas, sutiles mecanismos administrativos inhibitorios y
frenadores que originan y conforman lo que conocemos como el Estado bobo, un
Estado que sólo es útil a la oligarquía  prebendaria.

Sin embargo, muchos grupos contestatarios confunden indistintamente en sus
planteos y propuestas al Estado, al Gobierno y  al Poder, y en medio del
hervidero social que es la Argentina actual avanzan en construcciones
horizontales y autónomas sin preocuparse mayormente por aportar a proyectos
de conjunto y menos aún a proyectos de sentido nacional.

Las propuestas de reconstrucción del Estado Nación no deberían separarse de
nuestras luchas cotidianas, del ejercicio cada vez más activo de una
conciencia y una actitud de ciudadanía crítica, de la organización
asamblearia de los barrios, de las iniciativas populares frente a la mafia
policial del conurbano, de la ocupación y puesta en marcha de empresas por
sus propios trabajadores, porque todas y cada una de estas luchas
constituyen Estado en construcción, tanto como significan reconstrucción de
la autoestima de los participantes, o sea recuperación del Poder que habían
cedido a los punteros y al Gobierno.

Plantearse sólo la construcción del Poder y no la del Estado en
construcción, significaría desertar a uno de los principales desafíos que
tenemos por   delante, así como desconocer que somos nosotros, precisamente
nosotros vecinos, nosotros ciudadanos, nosotros pobladores, quienes
asumiendo los nuevos protagonismos de un contrato social aún por redactarse,
reconstruimos desde el pie las nuevas formas del Estado Nación.

En  el borde  mismo de la disolución nacional es preciso ser cuidadoso de
los discursos y de los contenidos de cada proyecto, ya que las debilidades
ideológicas o los errores pueden aportar a otros proyectos que extrapolados
seguramente nos provocarían rechazo y nos estamos refiriendo a proyectos que
apuntarían a la secesión y a la fragmentación nacional.

No estamos refiriéndonos a fantasmas sino hablando de amenazas reales,
grupos piqueteros han iniciado negociaciones con Bancas financieras
internacionales, con el BID  o el Banco Mundial, también se han extendido en
diferentes provincias debates y especulaciones donde participan desde
funcionarios hasta universidades, acerca de las conveniencias de apartarse
de Buenos Aires. 

En medio del complejo escenario actual de luchas sociales y políticas
resulta fundamental  entonces que  el espejo nos devuelva una imagen real de
nuestro país y de nosotros mismos,  que seamos capaces de vernos y asumirnos
con valentía y con honestidad. No sólo no tenemos Estado, tampoco somos el
granero de nadie sino de Monsanto y de Cargill, y hace mucho que en el mundo
los chistes de argentinos  superaron por lejos en éxito a los de gallegos.

Fuimos el granero del mundo alguna vez, pero nos transformaron en una
republiqueta sojera incapaz de alimentar a su  propia población. Ahora, solo
si somos capaces de reconocer el  destino que pretenden imponernos, seremos
también capaces de modificarlo. De lo contrario seguiremos, tal  como lo
intentan ciertos grupos progresistas, alentando falsas vanidades acerca de
una imaginaria Argentina exportadora de proteínas, a  la vez que
cultivaremos la luchaporelPoderenlafragmentación, mientras nos alimentamos
con forrajes  transgénicos y hacemos propuestas socialistas eminentemente
urbanas y de espaldas al campo que nos es ajeno en todos los sentidos.

Ya no tenemos como Pueblo demasiadas opciones, la  consigna de que se vayan
todos no sólo se quedó anacrónica sino que suele ser instrumentada  por
algunos grupos corporativos del progresismo partidista que pretenden
eternizarse en el manejo de las pequeñas fracciones de la  oposición.

Nada podrá barrer tanta miseria sino el desarrollo de la conciencia y los
debates que  permitan hacer crecer el pensamiento, la búsqueda del arraigo a
la  tierra y del retorno a las producciones sustentables, la construcción de
Estado desde lo pequeño y  desde lo local y el que tratemos de aportar a
proyectos de conjunto y en consonancia con los nuevos aires de unidad y
reencuentro latinoamericanos que nos llegan desde Brasil.

(*) Jorge Eduardo Rulli
GRR Grupo de Reflexión Rural
rtierra en infovia.com.ar
0220-4773545
22 de Noviembre de 2002
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