[R-P] Prelooker: La economía del desastre (1 de 3)
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Lun Nov 25 06:01:46 MST 2002
(Primera de 3 partes)
Mauricio Prelooker
La economía del desastre
PROLOGO PARA ARGENTINOS
Este Prólogo fue publicado en el número de Diciembre de 1995
de la revista HECHOS e IDEAS, de Buenos Aires, con el título:
El Dilema: Una Política Monetaria y Económica correcta o el
Caos Político y Social. Estaba dedicado - como corresponde,
dada la índole de los temas tratados, a uno de mis más
respetados maestros, a quien tuve el privilegio de frecuentar
y escuchar en sus interminables, sabrosos y sabios monólogos:
me refiero a don Arturo Jauretche. Reproduzco aquí el texto
de ese ensayo, con apenas algunas correcciones y agregados
menores. Nos introduce de lleno en la política argentina,
cuyos protagonistas serán todos aquellos que comprendan que
nuestros problemas no sólo no son insolubles, sino que pueden
tener una rápida y adecuada solución. Lo único que nos
separa de un destino mejor es la voluntad política, que los
argentinos debemos reencontrar y recuperar. ¿Por qué
incorporé este texto al libro? Por una razón muy simple:
necesito explicar en términos concretos y prácticos lo que
significa la reterritorialización del poder, o sea la vuelta
del poder al territorio, tema al cual concedo, como se verá,
un lugar preponderante. Después, quienes quieran hacerlo
podrán encontrar en las páginas siguientes la fundamentación
económica y filosófica que es indispensable para comprobar la
tesis central expuesta en el libro: el carácter terminal, a
nivel global, de la crisis de la economía de mercado que
estamos padeciendo, y que en mayor o menor escala
experimentan todos los pueblos del mundo. Sólo con una clara
conciencia de la crisis actual encontraremos los caminos, los
métodos y las soluciones que se requieren con suma urgencia
para salir de una vez por todas de la situación en que
vivimos.
EL DILEMA: UNA POLITICA MONETARIA Y ECONÓMICA CORRECTA O EL
CAOS POLÍTICO Y SOCIAL
A Arturo Jauretche
"Money matters most of the time, at some rare but important
times it is all that matters, and sometimes money hardly
matters at all. " ["El dinero importa durante la mayor parte
del tiempo, en algunas raras pero importantes ocasiones es lo
único que interesa, y a veces apenas si tiene importancia."]
Hyman P. Minsky
1. CONSIDERACIONES PRELIMINARES
Ya son pocos los que dudan que la Argentina se encamina
hacia una crisis económica, política y social sin
precedentes. Son aún menos los que todavía creen que el
actual modelo económico está en condiciones de impedirla o de
contenerla. Pero son muchos los que, frente a esta
situación, adoptan una actitud abiertamente fatalista, y
comparan las crisis de las sociedades humanas - como la que
padece nuestro país en estos momentos - con fenómenos
naturales, contra los cuales nada se podría hacer. Piensan,
estos fatalistas, que estamos frente a una situación- límite,
en la cual la única actitud sensata consistiría en salvar de
la mejor manera posible los intereses individuales propios o,
en el mejor de los casos, los sectoriales. En cuanto a los
problemas colectivos, habría que desentenderse de ellos,
porque serían insolubles e incontrolables. Esta actitud
proviene del predominio, desde hace unas dos décadas, de la
ideología monetarista, presentada como el único camino
posible para un desarrollo exento de riesgos de inflación.
Vale la pena señalar que actualmente las recetas de ajuste
que propicia el monetarismo están en decadencia en el mundo
entero, incluso en el FMI., aunque en la Argentina esta
noticia no se ha difundido demasiado (como tampoco se ha
difundido adecuadamente la fundamental pro puesta de Juan
Pablo II de un jubileo total de la deuda externa en el año
2000). Desde luego, los monetaristas siguen insistiendo en
que su miope ideología representa el único camino "sano". En
la Argentina, con 7.680.000 desocupados + semiempleados (son
cifras oficiales del INDEC, mayo 1995), fruto directo de esta
teoría, se puede poner en duda tal afirmación. Pues ha
puesto en marcha (no por mucho tiempo más) una extraña
economía de mercado... sin mercado. No puedo extenderme
sobre este tema. Lo he hecho, desde distintos ángulos, en
otros trabajos. Este documento se propone ir directamente a
la solución del "impasse" monetario y económico actual. Se
formularán aquí soluciones monetarias y económicas
perfectamente conocidas (si bien olvidadas por completo, en
muchos casos, por algunos integrantes de ese singular gremio
que formamos los economistas) y avaladas por una amplia
experiencia práctica, invariablemente positiva, en varios
países que cruzaron por grandes dificultades, iguales o
peores que las nuestras. Los problemas que ofrece su
aplicación a la Argentina son de carácter político, no
técnico. En otras palabras, los principales obstáculos que
se deben superar para implementar tales soluciones no se
refieren a los aspectos prácticos, sino a los ideológicos.
Lo cual no significa en modo alguno restar importancia a
éstos últimos. Por el contrario, toda la Historia demuestra
que los prejuicios y la desconfianza ante cualquier
innovación, presunta o real, desempeñan un papel
preponderante en la vida de los hombres.
II. ¿ES POSIBLE AISLAR LAS MEDIDAS MONETARIAS DE LAS
ECONÓMICAS?
Obviamente, no. En este terreno, lo único que se puede
modificar es el orden de las prioridades. Por lo general, en
las épocas estables las medidas monetarias son la simple
consecuencia de una determinada política económica. Muy
distinto es el caso en las situaciones de agudísima crisis,
como la actual. Aquí se impone actuar en primer término, con
mano de hierro y de una manera fulminante, en el campo
monetario. En efecto, la desmonetización de la economía, la
desfinanciación de las empresas, el descalabro del sector
bancario, la insuficiencia de la recaudación fiscal y la
ruptura de la cadena de pagos en el plano comercial, que se
agravan día por día, con su secuela laboral inevitable, el
desempleo creciente y masivo, implican el colapso inevitable
de todo el sistema a corto plazo si no se toman a tiempo las
medidas necesarias. El panorama que acabamos de describir
produce incalculables repercusiones sociales y familiares de
todo tipo, que exigen respuestas inmediatas y contundentes.
Debe actuarse de inmediato para salir de la zona de altísimo
riesgo actual, de tal modo que la mayoría pueda seguir
viviendo, trabajando y comiendo todos los días. Las medidas
recomendadas apuntan a la recapitalización, la remonetización
y la refinanciación del país, condición sine qua non para que
la economía pueda seguir funcionando. Pues sin un ordenado
proceso de ahorro e inversión de capitales en la economía
real no hay capitalismo posible, ni aquí ni en ninguna parte.
La economía de mercado y la sociedad de consumo no pueden
subsistir durante mucho tiempo con un mercado y un consumo en
permanente y fuerte contracción. Eso es lo que ocurre ahora,
en el marco del actual modelo económico aplicado a rajatabla
en la Argentina por verdaderos fundamentalistas, con una
pertinacia y una obcecación dignas de mejor causa.
III. UN MODELO QUE HACE AGUA
No repetiré aquí, por ser muy conocidas, las críticas, en
general bien fundadas, que se le han hecho desde los más
diversos ángulos al modelo económico y social que impera en
la actualidad en la Argentina, si bien no por mucho tiempo
más. Señalaré tan sólo que dicho modelo, aprobado en forma
plebiscitaria el 14 de mayo de 1995 por el 96% de los
votantes (del PJ, del FREPASO y de la UCR, que coincidieron
en considerarlo intocable) se sostuvo durante cuatro años,
aunque con crecientes dificultades, gracias a una conjunción
de factores muy favorables, que permitieron maquillar el
déficit fiscal y los pavorosos costos reales de todo el
proceso:
a) ingreso de capitales legales e ilegales aprovechando el
diferencial de tasas de interés sobre las plazas financieras
centrales, lo cual permitió una cierta cosmética del balance
en cuenta corriente;
b) elevación de las ventas internas, como resultado de la
primera etapa de la estabilización monetaria, que elevó los
salarios reales;
c) aumento pasajero de las exportaciones al Brasil, que
compensaron el déficit del balance comercial con los países
centrales;
d) suba internacional de los precios de los bienes
transables;
e) un buen stock de "joyas de la abuela", fácilmente
liquidables a precios de ocasión. Esa conjunción de factores
fue reemplazada en forma progresiva, desde el 20 de diciembre
de 1993, por otro cuadro, crecientemente desfavorable, cuyos
rasgos principales se detallan en lo que sigue:
a) salida de capitales externos, acompañada por una fuga de
capitales nacionales, a causa del alza de las tasas de
interés en las plazas centrales y también para precaverse de
la precariedad y la creciente endeblez, cada vez más
evidente, del modelo económico aplicado desde el 1 de abril
de 1991;
b) fin de la ola de ventas internas y puesta en marcha de una
recesión que se agrava mes tras mes, como consecuencia: 1)
del deterioro creciente del salario real, a causa de la
inflación en dólares, con la consiguiente erosión del poder
de compra de la mayoría de la población, y 2) del proceso de
exclusión social implantado en la Argentina por la Revolución
Informática, que permitió un aumento del 35% del PBI y
simultáneamente una triplicación de la desocupación, a causa
de la eliminación de puestos de trabajo provocado por la
racionalización de los procesos productivos y de servicios;
ese proceso, es obvio, reduce cada vez más el mercado
interno;
c) declinación de las exportaciones al Brasil, donde se abre
camino una recesión ya incipiente, que obliga a ese país a
tomar sin ninguna vacilación (y no se lo puede criticar por
eso) medidas proteccionistas, aun si éstas se oponen al
espíritu y a la letra del Tratado de Asunción, que consagró
el MERCOSUR;
d) amesetamiento de la exportación de los productos básicos
("commodities"), manejada por firmas que, no reinvierten sus
utilidades en otros sectores de la economía real de este
país;
e) liquidación casi total de las "joyas" en cuestión, lo cual
termina de hacer inviable la continuación del modelo vigente.
Dicho modelo está prácticamente agotado, en suma.
Enderezarlo, emparcharlo y lograr que continúe funcionando de
una manera eficiente es un trabajo de Sísifo: cuando parece
solucionado un problema, aparece otro aún peor. Cuanto más
tiempo se tarde en comprenderlo, tanto más penoso y costoso
resultará el complejo proceso subsiguiente de reconversión y
reingeniería económica y social en gran escala que será
necesario en un plazo perentorio, si se quiere seguir
contando con un país vivible para todos, y donde al mismo
tiempo sea factible continuar haciendo negocios. En el curso
de ese impostergable proceso de reconversión - que deberá
estar en manos muy expertas y libres de toda sospecha - será
necesario neutralizar el gran daño infligido a la sociedad
argentina por estos años de locura y alienación en que ha
caído, en todos sus estratos sociales, sin excepción, tras un
objetivo utópico y carente de sentido. Me refiero a la
llamada "inserción en el Primer Mundo", que presupone creer
en la posibilidad y en la necesidad de adoptar éste último
como el modelo supremo a imitar y a seguir en sus menores
detalles. Desde luego, aquí se descartan las salidas
suicidas y genocidas, y se insiste en soluciones que
signifiquen paz, trabajo y prosperidad para todos.
Condiciones que existen, por ejemplo, en los países
escandinavos y en Japón. La Argentina, con su territorio
riquísimo y su gente ingeniosa, hábil y deseosa de vivir
bien, no tiene por qué estar peor que cualquier otro país.
Mejor dicho, no tiene por qué haber caído en la crítica
situación en que se encuentra actualmente, asfixiada por un
modelo impuesto desde el exterior, y que ya no puede
beneficiar a nadie... ni siquiera a sus presuntos
beneficiarios externos o internos. Pues un país reventado y
fundido como lo es el nuestro en la actualidad no puede
cumplir con ninguno de sus compromisos, reales o ficticios.
IV. ¿NO HAY JUGADAS BUENAS?
Actualmente, el circulante en poder del público (efectivo y
cuentas a la vista) + las imposiciones a interés (depósitos
en cajas de ahorro y a plazo fijo) (que sumados dan lo que se
designa en la teoría monetaria como el M2), representan en su
conjunto la tercera parte del M2 de los países llamados
"avanzados", donde la economía de mercado funciona todavía
más o menos normalmente. Esta situación disparatada no fue
prevista en lo más mínimo por quienes elaboraron la ley de
convertibilidad, pero es su inevitable consecuencia. Ahora
estos prestigiosos "técnicos", deberán responder ante el país
por su irresponsabilidad y su incompetencia, que se ha puesto
crudamente de manifiesto. Pretender que una economía
funcione en tales condiciones sería tan cuerdo como sostener
que un hombre, que necesita aproximadamente cuatro litros y
medio de sangre para vivir, puede subsistir con un litro y
medio. Y así como una persona en estas últimas condiciones
necesitaría una inmediata transfusión de sangre para tener
una mínima chance de sobrevivir, del mismo modo una economía
como la nuestra, con la tercera parte de la moneda que se
requiere como mínimo para mantener una economía de mercado,
necesita emitir los dos tercios restantes en forma
perentoria, bajo riesgo en caso contrario de una "muerte
súbita" en el plazo arriba indicado (seis a diez meses).
Como es obvio, emitir el volumen de dinero necesario para que
la economía argentina pueda seguir funcionando es lisa y
llanamente imposible en las condiciones creadas por la ley de
convertibilidad. Sin embargo, algunos consideran ese marco
regulatorio como el único punto de partida posible, pues
temen las temibles consecuencias que produciría en forma
inmediata su derogación lisa y llana. Moviéndose en el marco
de esa ley, si se quisiera producir una expansión de la
oferta monetaria, sería forzoso en primer término enmendarla,
autorizando la modificación de la paridad 1 dólar US = 1
peso, para llevar esa paridad, como mínimo, así fuera por
etapas, a 1 dólar US = 1,30 pesos. Pero ante el más mínimo
rumor de una devaluación del 30%, se lograría únicamente la
formación inmediata de inmensas colas de personas frenéticas
y al borde de la desesperación frente a las casas de cambio y
los bancos, que agotarían la totalidad de las reservas
extranjeras (esencialmente dólares y oro) del país. ¿En
cuanto tiempo? El estrictamente necesario para poder retirar
sus depósitos a la vista, sus colocaciones a plazo fijo y en
caja de ahorro y los distintos bonos, letras y otros títulos-
valores del Estado argentino, así como todas las acciones del
mercado bursátil nominadas en pesos. Desde luego, las
grandes empresas pasarían sus activos de pesos a dólares con
rapidez incomparablemente mayor, y los colocarían en plazas
más seguras. La consecuencia sería la bancarrota instantánea
del sistema bancario privado y su forzosa renacionalizaciíon,
para que pudiera seguir funcionando de alguna manera.
Obviamente, al gobierno no le quedaría otro remedio que
instaurar sin perdida de tiempo un feriado cambiario y
bancario y, a renglón seguido, el control de cambios, única
forma posible de reabrir las entidades crediticias,
despojadas, desde luego, de toda operatoria en divisas. De
esta manera se ingresaría a tambor batiente al infierno mas
temido. En efecto, se estaría "reperonizando" de hecho al
país, al privar al "establishment" financiero de su más
preciada conquista desde la caída de Perón en 1955: la
posibilidad de pasar sin dificultades sus tenencias en pesos
a monedas duras, poniéndolas a salvo de cualquier
"cimbronazo" político, es decir, de cualquier medida
"demagógica" (peronista) que podría adoptar el gobierno para
salvar sus votos, que se están licuando rápidamente, y sus
propios recursos fiscales, ya en vertiginosa picada. Ya
sabemos que éstos se están reduciendo rápidamente a
cantidades insuficientes para subvenir sus propias
necesidades y las de las provincias, ante la parálisis
progresiva de todas las actividades económicas. En este
contexto dé crisis, ¿qué significaría el reemplazo del Sr.
Cavallo, del degado de ciertos intereses internacionales
(aunque no los más importantes) por otro personaje que
mantuviera la misma orientación básica? El único candidato
realmente potable, el Dr. Roberto Alemann, se niega cortés
pero firmemente a hacerse cargo del muerto, lo cual revela su
lucidez intelectual, su pragmatismo y su escaso o nulo
optimismo sobre la evolución y el desenlace de la crisis en
curso. Los otros candidatos carecen de las apoyaturas que
logró Cavallo gracias a su buena letra durante 13 años. En
efecto, la actuación de éste último se debe contabilizar
desde octubre de 1982, cuando este campeón de las
privatizaciones nacionalizó o estatizó la deuda privada
argentina, concediéndole el aval del B.C.R.A. De este modo
puso a cargo de todos los argentinos una deuda privada de
unos 20.000 millones de dólares, que se han convertido ahora
en una deuda de más de 40.000 millones: más de la tercera
parte de la deuda externa exigible, y fuente de la actual
distorsión absoluta del presupuesto fiscal, cuyo objetivo
fundamental es satisfacer las exigencias externas, y no las
necesidades internas. De esta manera se ha llegado, a pocos
meses de un abrumador triunfo electoral, a una posición que
los ajedrecistas llaman de "zug-zwang", donde no hay jugadas
buenas, porque todas son perdedoras (dentro del esquema
actual y con las reglas de juego que implica, por supuesto).
Si se quedara Cavallo, la situación sería muy mala, por no
decir catastrófica; si se fuera y se mantuviera el modelo
actual, se volvería aún peor, pues devaluar (única
alternativa que parecen conocer algunos economistas) y emitir
en esas condiciones es pan para hoy y hambre... para esta
noche. Es necesario señalar, a esta altura del análisis, que
tanto en un caso como en el otro, a breve plazo afloraría un
proceso ya en plena marcha: la desintegración del sistema de
alianzas que hizo posible la sobrevida del modelo político y
económico en vigor durante cuatro años y fracción, y que en
estos momentos está dando sus últimas boqueadas. En este
nuevo contexto, todos los grupos del "establishment", aun los
más conservadores y refractarios a cualquier cambio,
percibirán muy pronto que este ciclo se encuentra en su fase
terminal. De aquí en más, si esos grupos desean seguir
operando en este país, deberán efectuar una drástica
"reingeniería" de sus estrategias, en el marco de nuevas
reglas de juego, que serán muy distintas de las actuales. No
es seguro que todos quieran hacerlo. Pero quienes lo hagan
deberán aceptar tasas de beneficio civilizadas y políticas
que no impliquen el saqueo del patrimonio nacional, pues una
vez matada la gallina de los huevos de oro, nadie puede
pretender que los siga poniendo. Por otra parte, téngase
presente que si no se diera un fuerte golpe de timón y no se
rectificara rápidamente el rumbo actual, en los próximos
tiempos, en la mejor de las hipótesis, sobrevendría de una
manera obligada un agudo "default" (cesación de pagos
externos).. Teniendo en cuenta que el único deseo de los
acreedores es cobrar la mayor cantidad posible, si se
produjera el "default" en cuestión, o su simple amenaza, el
Sr. Cavallo habría perdido su virtud esencial - la de ser un
buen pagador - y en ese caso tanto les daría lo mismo el
actual ministro de economía que cualquier otro. Aclaremos
que en cualquiera de las dos hipótesis (permanencia del Sr.
Cavallo o recambio), los organismos internacionales de
crédito - dado que ya no existe un prestamista de última
instancia, como se verá luego - no prestarán un solo centavo
más ni moverán un solo dedo para impedir que se produzca en
el plano local una hecatombe monetaria, financiera y
económica de una magnitud hasta ahora desconocida. Quienes
crean que se puede atemorizarlos y obtener concesiones
señalándoles las inevitables y catastróficas repercusiones
sociales y políticas de esa falta de créditos en el plano
local, se equivocan. Es necesario ser totalmente realistas:
de la trampa mortal en que se ha convertido la
convertibilidad no se sale con ilusiones ni con medias
tintas.
V. SE DEBE DESCARTAR POR COMPLETO CUALQUIER DEVALUACIÓN
El autor mantiene - con respecto a nuestro país y en las
duras condiciones actuales, aclaremos - una posición
claramente keynesiana, privilegiando por sobre todas las
cosas el nivel del empleo y la reactivación económica. A
estos objetivos ineludibles se deben supeditar todos los
instrumentos disponibles del arsenal económico. La salida es
clarísima, y consiste en llevar de nuevo el índice
desmonetización a niveles razonables. A pesar de la
convertibilidad, eso carece de toda dificultad técnica. La
puesta en marcha de soluciones adecuadas tiene antecedentes
muy conocidos. Los métodos a emplear para salir de la crisis
ya fueron aplicados con pleno éxito en diferentes épocas, y
en distintos países, que padecían problemas aún peores que
los nuestros. Para aclarar el panorama, señalemos en primer
lugar que se debe rechazar de plano cualquier devaluación,
directa o indirecta, del peso argentino, cuyas consecuencias
serían terroríficas en forma inmediata. Por ende, de una
devaluación, ni hablar. En efecto, lejos de remonetizar los
circuitos económicos, éstos se desmonetizarían aún más, como
lo demuestran, sin ninguna excepción, todas las devaluaciones
realizadas hasta la fecha. El motivo real del sólido apoyo
prestado hasta ahora por el "Grupo de los 8" y demás sectores
del "establishment" al actual ministro de economía es
justamente que temen - y con razón, desde su punto de vista -
que cualquier recambio abriría en forma casi inmediata las
compuertas a una devaluación que lo arrasaría todo hasta sus
mismos cimientos. Pues, más que cualquier otro país...
salvo los Estados Unidos, los pasivos de esos sectores están
casi totalmente dolarizados, cuando no están nominados
directamente en marcos alemanes, yenes, francos suizos, oro u
otras divisas duras (lo cual es aún peor). Mientras tanto,
sus activos locales están en pesos. Capear el temporal en
esas condiciones es simplemente utópico. Para el sector
público, las consecuencias de una devaluación serían
tremendas. Si ya ahora es arduo satisfacer los más mínimos
compromisos financieros contraídos por la Nación con sus
acreedores internacionales, tanto estatales como privados, es
obvio que una devaluación mandaría a pique las cotizaciones
de todos los títulos estatales internos y externos y haría
entrar en pocos días al sector público en "default" total,
sin atenuantes ni justificativos posibles, y sin soluciones a
la vista. No menos impolítica sería esta medida para los
numerosos miembros de la clase media, que creyeron a pie
juntillas en el carácter perenne de la ley de
convertibilidad. Su nivel de endeudamiento en dólares es
menor que el de los sectores arriba mencionados, pero de
cualquier manera, se verían fuertemente afectados en sus
deudas pagaderas en incómodas cuotas mensuales dolarizadas.
En caso de que la devaluación se transformara - como es
prácticamente seguro - en una incontenible estampida
inflacionaria, esas cuotas se volverían impagables. Teniendo
en cuenta que en dólares se pagan casas, departamentos,
alquileres, coches, televisores, heladeras, otros artículos
electrodomésticos, maquinarias, hardware y software, etc., es
fácil imaginar el efecto político de semejante decisión. No
habría ministro de economía ni gobierno capaces de aguantar
sus consecuencias, junto con un desempleo que ya afecta total
o parcialmente a la mitad de la población, y que amenaza por
eso mismo a buena parte del resto. En ese momento, todo se
vuelve "fusible"... y todo funde. A la luz de esta
situación, sería una verdadera locura tirar por la borda la
única ventaja real que nos puede dejar la convertibilidad,
reemplazando una moneda dura, mejor dicho, semidura, como el
dólar, por una moneda absolutamente blanda, que iniciaría de
inmediato una carrera incontenible hacia la desvalorización
total. No por eso mejoraría en lo más mínimo la balanza
comercial (pues el comercio exterior, de todos modos, se hace
y se seguirá haciendo en dólares por un plazo aún indefinido)
ni la balanza en cuenta corriente, que por el contrario se
desbarrancaría por completo, a causa de la escasez y el alto
costo en pesos de las divisas. En este contexto, la única
solución sensata, viable y conveniente para el país consiste
en reemplazar una moneda dura por otra todavía más dura y
digna de confianza que la actual, al mismo tiempo que se
remonetiza la economía por métodos no inflacionarios. No hay
problemas técnicos que impidan alcanzar ambos objetivos. El
primero se logra vinculando el peso con una "canasta" de
monedas duras y "commodities". El segundo, emitiendo una
moneda no convertible: es un método avalado, como lo veremos,
por una amplia y prolongada experiencia internacional, que
pertenece a tramos muy conocidos de la historia económica de
nuestro tiempo. No se debe olvidar que la devaluación fue
siempre el caballito de batalla de los beneficiarios del
modelo agroexportador... en perjuicio del resto del país.
Volver a caer en semejante trampa, más que secular, hablaría
muy mal de la sensatez y de la inteligencia de los
argentinos, y de su capacidad de aprender a partir de los
errores y las lecciones del pasado. El autor de este
documento se niega en redondo a participar en cualquier
esquema económico y monetario que emplee la devaluación como
método para remonetizar la economía. La razón es obvia: no
quiere ser cómplice del desastre que sobrevendría
inevitablemente, y con mayor razón teniendo en cuenta que se
puede evitarlo por completo.
(continúa)
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca
nada porque empieza por depreciarse a sí mismo".
Pedro Albizu Campos, compatriota puertorriqueño de todos
los latinoamericanos.
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