[R-P] Prelooker: La economía del desastre (1 de 3)

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Lun Nov 25 06:01:46 MST 2002


(Primera de 3 partes)

Mauricio Prelooker

La economía del desastre

PROLOGO PARA ARGENTINOS

Este Prólogo fue publicado en el número de Diciembre de 1995 
de la revista HECHOS e IDEAS, de Buenos Aires, con el título: 
El Dilema: Una Política Monetaria y Económica correcta o el 
Caos Político y Social.  Estaba dedicado - como corresponde, 
dada la índole de los temas tratados, a uno de mis más 
respetados maestros, a quien tuve el privilegio de frecuentar 
y escuchar en sus interminables, sabrosos y sabios monólogos: 
me refiero a don Arturo Jauretche.  Reproduzco aquí el texto 
de ese ensayo, con apenas algunas correcciones y agregados 
menores.  Nos introduce de lleno en la política argentina, 
cuyos protagonistas serán todos aquellos que comprendan que 
nuestros problemas no sólo no son insolubles, sino que pueden 
tener una rápida y adecuada solución.  Lo único que nos 
separa de un destino mejor es la voluntad política, que los 
argentinos debemos reencontrar y recuperar.  ¿Por qué 
incorporé este texto al libro? Por una razón muy simple: 
necesito explicar en términos concretos y prácticos lo que 
significa la reterritorialización del poder, o sea la vuelta 
del poder al territorio, tema al cual concedo, como se verá, 
un lugar preponderante.  Después, quienes quieran hacerlo 
podrán encontrar en las páginas siguientes la fundamentación 
económica y filosófica que es indispensable para comprobar la 
tesis central expuesta en el libro: el carácter terminal, a 
nivel global, de la crisis de la economía de mercado que 
estamos padeciendo, y que en mayor o menor escala 
experimentan todos los pueblos del mundo.  Sólo con una clara 
conciencia de la crisis actual encontraremos los caminos, los 
métodos y las soluciones que se requieren con suma urgencia 
para salir de una vez por todas de la situación en que 
vivimos.

 EL DILEMA: UNA POLITICA MONETARIA Y ECONÓMICA CORRECTA O EL 
CAOS POLÍTICO Y SOCIAL 

A Arturo Jauretche

"Money matters most of the time, at some rare but important 
times it is all that matters, and sometimes money hardly 
matters at all.  " ["El dinero importa durante la mayor parte 
del tiempo, en algunas raras pero importantes ocasiones es lo 
único que interesa, y a veces apenas si tiene importancia."] 
Hyman P.  Minsky

1.  CONSIDERACIONES PRELIMINARES
 Ya son pocos los que dudan que la Argentina se encamina 
hacia una crisis económica, política y social sin 
precedentes.  Son aún menos los que todavía creen que el 
actual modelo económico está en condiciones de impedirla o de 
contenerla.  Pero son muchos los que, frente a esta 
situación, adoptan una actitud abiertamente fatalista, y 
comparan las crisis de las sociedades humanas - como la que 
padece nuestro país en estos momentos - con fenómenos 
naturales, contra los cuales nada se podría hacer.  Piensan, 
estos fatalistas, que estamos frente a una situación- límite, 
en la cual la única actitud sensata consistiría en salvar de 
la mejor manera posible los intereses individuales propios o, 
en el mejor de los casos, los sectoriales.  En cuanto a los 
problemas colectivos, habría que desentenderse de ellos, 
porque serían insolubles e incontrolables.  Esta actitud 
proviene del predominio, desde hace unas dos décadas, de la 
ideología monetarista, presentada como el único camino 
posible para un desarrollo exento de riesgos de inflación.  
Vale la pena señalar que actualmente las recetas de ajuste 
que propicia el monetarismo están en decadencia en el mundo 
entero, incluso en el FMI., aunque en la Argentina esta 
noticia no se ha difundido demasiado (como tampoco se ha 
difundido adecuadamente la fundamental pro puesta de Juan 
Pablo II de un jubileo total de la deuda externa en el año 
2000).  Desde luego, los monetaristas siguen insistiendo en 
que su miope ideología representa el único camino "sano".  En 
la Argentina, con 7.680.000 desocupados + semiempleados (son 
cifras oficiales del INDEC, mayo 1995), fruto directo de esta 
teoría, se puede poner en duda tal afirmación.  Pues ha 
puesto en marcha (no por mucho tiempo más) una extraña 
economía de mercado...  sin mercado.  No puedo extenderme 
sobre este tema.  Lo he hecho, desde distintos ángulos, en 
otros trabajos.  Este documento se propone ir directamente a 
la solución del "impasse" monetario y económico actual.  Se 
formularán aquí soluciones monetarias y económicas 
perfectamente conocidas (si bien olvidadas por completo, en 
muchos casos, por algunos integrantes de ese singular gremio 
que formamos los economistas) y avaladas por una amplia 
experiencia práctica, invariablemente positiva, en varios 
países que cruzaron por grandes dificultades, iguales o 
peores que las nuestras.  Los problemas que ofrece su 
aplicación a la Argentina son de carácter político, no 
técnico.  En otras palabras, los principales obstáculos que 
se deben superar para implementar tales soluciones no se 
refieren a los aspectos prácticos, sino a los ideológicos.  
Lo cual no significa en modo alguno restar importancia a 
éstos últimos.  Por el contrario, toda la Historia demuestra 
que los prejuicios y la desconfianza ante cualquier 
innovación, presunta o real, desempeñan un papel 
preponderante en la vida de los hombres.

II.  ¿ES POSIBLE AISLAR LAS MEDIDAS MONETARIAS DE LAS 
ECONÓMICAS? 
Obviamente, no.  En este terreno, lo único que se puede 
modificar es el orden de las prioridades.  Por lo general, en 
las épocas estables las medidas monetarias son la simple 
consecuencia de una determinada política económica.  Muy 
distinto es el caso en las situaciones de agudísima crisis, 
como la actual.  Aquí se impone actuar en primer término, con 
mano de hierro y de una manera fulminante, en el campo 
monetario.  En efecto, la desmonetización de la economía, la 
desfinanciación de las empresas, el descalabro del sector 
bancario, la insuficiencia de la recaudación fiscal y la 
ruptura de la cadena de pagos en el plano comercial, que se 
agravan día por día, con su secuela laboral inevitable, el 
desempleo creciente y masivo, implican el colapso inevitable 
de todo el sistema a corto plazo si no se toman a tiempo las 
medidas necesarias.  El panorama que acabamos de describir 
produce incalculables repercusiones sociales y familiares de 
todo tipo, que exigen respuestas inmediatas y contundentes.  
Debe actuarse de inmediato para salir de la zona de altísimo 
riesgo actual, de tal modo que la mayoría pueda seguir 
viviendo, trabajando y comiendo todos los días.  Las medidas 
recomendadas apuntan a la recapitalización, la remonetización 
y la refinanciación del país, condición sine qua non para que 
la economía pueda seguir funcionando.  Pues sin un ordenado 
proceso de ahorro e inversión de capitales en la economía 
real no hay capitalismo posible, ni aquí ni en ninguna parte.  
La economía de mercado y la sociedad de consumo no pueden 
subsistir durante mucho tiempo con un mercado y un consumo en 
permanente y fuerte contracción.  Eso es lo que ocurre ahora, 
en el marco del actual modelo económico aplicado a rajatabla 
en la Argentina por verdaderos fundamentalistas, con una 
pertinacia y una obcecación dignas de mejor causa.

III.  UN MODELO QUE HACE AGUA 
No repetiré aquí, por ser muy conocidas, las críticas, en 
general bien fundadas, que se le han hecho desde los más 
diversos ángulos al modelo económico y social que impera en 
la actualidad en la Argentina, si bien no por mucho tiempo 
más.  Señalaré tan sólo que dicho modelo, aprobado en forma 
plebiscitaria el 14 de mayo de 1995 por el 96% de los 
votantes (del PJ, del FREPASO y de la UCR, que coincidieron 
en considerarlo intocable) se sostuvo durante cuatro años, 
aunque con crecientes dificultades, gracias a una conjunción 
de factores muy favorables, que permitieron maquillar el 
déficit fiscal y los pavorosos costos reales de todo el 
proceso: 
a) ingreso de capitales legales e ilegales aprovechando el 
diferencial de tasas de interés sobre las plazas financieras 
centrales, lo cual permitió una cierta cosmética del balance 
en cuenta corriente; 
b) elevación de las ventas internas, como resultado de la 
primera etapa de la estabilización monetaria, que elevó los 
salarios reales; 
c) aumento pasajero de las exportaciones al Brasil, que 
compensaron el déficit del balance comercial con los países 
centrales; 
d) suba internacional de los precios de los bienes 
transables; 
e) un buen stock de "joyas de la abuela", fácilmente 
liquidables a precios de ocasión.  Esa conjunción de factores 
fue reemplazada en forma progresiva, desde el 20 de diciembre 
de 1993, por otro cuadro, crecientemente desfavorable, cuyos 
rasgos principales se detallan en lo que sigue: 
a) salida de capitales externos, acompañada por una fuga de 
capitales nacionales, a causa del alza de las tasas de 
interés en las plazas centrales y también para precaverse de 
la precariedad y la creciente endeblez, cada vez más 
evidente, del modelo económico aplicado desde el 1 de abril 
de 1991; 
b) fin de la ola de ventas internas y puesta en marcha de una 
recesión que se agrava mes tras mes, como consecuencia: 1) 
del deterioro creciente del salario real, a causa de la 
inflación en dólares, con la consiguiente erosión del poder 
de compra de la mayoría de la población, y 2) del proceso de 
exclusión social implantado en la Argentina por la Revolución 
Informática, que permitió un aumento del 35% del PBI y 
simultáneamente una triplicación de la desocupación, a causa 
de la eliminación de puestos de trabajo provocado por la 
racionalización de los procesos productivos y de servicios; 
ese proceso, es obvio, reduce cada vez más el mercado 
interno; 
c) declinación de las exportaciones al Brasil, donde se abre 
camino una recesión ya incipiente, que obliga a ese país a 
tomar sin ninguna vacilación (y no se lo puede criticar por 
eso) medidas proteccionistas, aun si éstas se oponen al 
espíritu y a la letra del Tratado de Asunción, que consagró 
el MERCOSUR; 
d) amesetamiento de la exportación de los productos básicos 
("commodities"), manejada por firmas que, no reinvierten sus 
utilidades en otros sectores de la economía real de este 
país; 
e) liquidación casi total de las "joyas" en cuestión, lo cual 
termina de hacer inviable la continuación del modelo vigente.  

Dicho modelo está prácticamente agotado, en suma.  
Enderezarlo, emparcharlo y lograr que continúe funcionando de 
una manera eficiente es un trabajo de Sísifo: cuando parece 
solucionado un problema, aparece otro aún peor.  Cuanto más 
tiempo se tarde en comprenderlo, tanto más penoso y costoso 
resultará el complejo proceso subsiguiente de reconversión y 
reingeniería económica y social en gran escala que será 
necesario en un plazo perentorio, si se quiere seguir 
contando con un país vivible para todos, y donde al mismo 
tiempo sea factible continuar haciendo negocios.  En el curso 
de ese impostergable proceso de reconversión - que deberá 
estar en manos muy expertas y libres de toda sospecha - será 
necesario neutralizar el gran daño infligido a la sociedad 
argentina por estos años de locura y alienación en que ha 
caído, en todos sus estratos sociales, sin excepción, tras un 
objetivo utópico y carente de sentido.  Me refiero a la 
llamada "inserción en el Primer Mundo", que presupone creer 
en la posibilidad y en la necesidad de adoptar éste último 
como el modelo supremo a imitar y a seguir en sus menores 
detalles.  Desde luego, aquí se descartan las salidas 
suicidas y genocidas, y se insiste en soluciones que 
signifiquen paz, trabajo y prosperidad para todos.  
Condiciones que existen, por ejemplo, en los países 
escandinavos y en Japón.  La Argentina, con su territorio 
riquísimo y su gente ingeniosa, hábil y deseosa de vivir 
bien, no tiene por qué estar peor que cualquier otro país.  
Mejor dicho, no tiene por qué haber caído en la crítica 
situación en que se encuentra actualmente, asfixiada por un 
modelo impuesto desde el exterior, y que ya no puede 
beneficiar a nadie...  ni siquiera a sus presuntos 
beneficiarios externos o internos.  Pues un país reventado y 
fundido como lo es el nuestro en la actualidad no puede 
cumplir con ninguno de sus compromisos, reales o ficticios.

IV.  ¿NO HAY JUGADAS BUENAS? 
Actualmente, el circulante en poder del público (efectivo y 
cuentas a la vista) + las imposiciones a interés (depósitos 
en cajas de ahorro y a plazo fijo) (que sumados dan lo que se 
designa en la teoría monetaria como el M2), representan en su 
conjunto la tercera parte del M2 de los países llamados 
"avanzados", donde la economía de mercado funciona todavía 
más o menos normalmente.  Esta situación disparatada no fue 
prevista en lo más mínimo por quienes elaboraron la ley de 
convertibilidad, pero es su inevitable consecuencia.  Ahora 
estos prestigiosos "técnicos", deberán responder ante el país 
por su irresponsabilidad y su incompetencia, que se ha puesto 
crudamente de manifiesto.  Pretender que una economía 
funcione en tales condiciones sería tan cuerdo como sostener 
que un hombre, que necesita aproximadamente cuatro litros y 
medio de sangre para vivir, puede subsistir con un litro y 
medio.  Y así como una persona en estas últimas condiciones 
necesitaría una inmediata transfusión de sangre para tener 
una mínima chance de sobrevivir, del mismo modo una economía 
como la nuestra, con la tercera parte de la moneda que se 
requiere como mínimo para mantener una economía de mercado, 
necesita emitir los dos tercios restantes en forma 
perentoria, bajo riesgo en caso contrario de una "muerte 
súbita" en el plazo arriba indicado (seis a diez meses).  
Como es obvio, emitir el volumen de dinero necesario para que 
la economía argentina pueda seguir funcionando es lisa y 
llanamente imposible en las condiciones creadas por la ley de 
convertibilidad.  Sin embargo, algunos consideran ese marco 
regulatorio como el único punto de partida posible, pues 
temen las temibles consecuencias que produciría en forma 
inmediata su derogación lisa y llana.  Moviéndose en el marco 
de esa ley, si se quisiera producir una expansión de la 
oferta monetaria, sería forzoso en primer término enmendarla, 
autorizando la modificación de la paridad 1 dólar US = 1 
peso, para llevar esa paridad, como mínimo, así fuera por 
etapas, a 1 dólar US = 1,30 pesos.  Pero ante el más mínimo 
rumor de una devaluación del 30%, se lograría únicamente la 
formación inmediata de inmensas colas de personas frenéticas 
y al borde de la desesperación frente a las casas de cambio y 
los bancos, que agotarían la totalidad de las reservas 
extranjeras (esencialmente dólares y oro) del país.  ¿En 
cuanto tiempo? El estrictamente necesario para poder retirar 
sus depósitos a la vista, sus colocaciones a plazo fijo y en 
caja de ahorro y los distintos bonos, letras y otros títulos-
valores del Estado argentino, así como todas las acciones del 
mercado bursátil nominadas en pesos.  Desde luego, las 
grandes empresas pasarían sus activos de pesos a dólares con 
rapidez incomparablemente mayor, y los colocarían en plazas 
más seguras.  La consecuencia sería la bancarrota instantánea 
del sistema bancario privado y su forzosa renacionalizaciíon, 
para que pudiera seguir funcionando de alguna manera.  
Obviamente, al gobierno no le quedaría otro remedio que 
instaurar sin perdida de tiempo un feriado cambiario y 
bancario y, a renglón seguido, el control de cambios, única 
forma posible de reabrir las entidades crediticias, 
despojadas, desde luego, de toda operatoria en divisas.  De 
esta manera se ingresaría a tambor batiente al infierno mas 
temido.  En efecto, se estaría "reperonizando" de hecho al 
país, al privar al "establishment" financiero de su más 
preciada conquista desde la caída de Perón en 1955: la 
posibilidad de pasar sin dificultades sus tenencias en pesos 
a monedas duras, poniéndolas a salvo de cualquier 
"cimbronazo" político, es decir, de cualquier medida 
"demagógica" (peronista) que podría adoptar el gobierno para 
salvar sus votos, que se están licuando rápidamente, y sus 
propios recursos fiscales, ya en vertiginosa picada.  Ya 
sabemos que éstos se están reduciendo rápidamente a 
cantidades insuficientes para subvenir sus propias 
necesidades y las de las provincias, ante la parálisis 
progresiva de todas las actividades económicas.  En este 
contexto dé crisis, ¿qué significaría el reemplazo del Sr.  
Cavallo, del degado de ciertos intereses internacionales 
(aunque no los más importantes) por otro personaje que 
mantuviera la misma orientación básica? El único candidato 
realmente potable, el Dr.  Roberto Alemann, se niega cortés 
pero firmemente a hacerse cargo del muerto, lo cual revela su 
lucidez intelectual, su pragmatismo y su escaso o nulo 
optimismo sobre la evolución y el desenlace de la crisis en 
curso.  Los otros candidatos carecen de las apoyaturas que 
logró Cavallo gracias a su buena letra durante 13 años.  En 
efecto, la actuación de éste último se debe contabilizar 
desde octubre de 1982, cuando este campeón de las 
privatizaciones nacionalizó o estatizó la deuda privada 
argentina, concediéndole el aval del B.C.R.A.  De este modo 
puso a cargo de todos los argentinos una deuda privada de 
unos 20.000 millones de dólares, que se han convertido ahora 
en una deuda de más de 40.000 millones: más de la tercera 
parte de la deuda externa exigible, y fuente de la actual 
distorsión absoluta del presupuesto fiscal, cuyo objetivo 
fundamental es satisfacer las exigencias externas, y no las 
necesidades internas.  De esta manera se ha llegado, a pocos 
meses de un abrumador triunfo electoral, a una posición que 
los ajedrecistas llaman de "zug-zwang", donde no hay jugadas 
buenas, porque todas son perdedoras (dentro del esquema 
actual y con las reglas de juego que implica, por supuesto).  
Si se quedara Cavallo, la situación sería muy mala, por no 
decir catastrófica; si se fuera y se mantuviera el modelo 
actual, se volvería aún peor, pues devaluar (única 
alternativa que parecen conocer algunos economistas) y emitir 
en esas condiciones es pan para hoy y hambre...  para esta 
noche.  Es necesario señalar, a esta altura del análisis, que 
tanto en un caso como en el otro, a breve plazo afloraría un 
proceso ya en plena marcha: la desintegración del sistema de 
alianzas que hizo posible la sobrevida del modelo político y 
económico en vigor durante cuatro años y fracción, y que en 
estos momentos está dando sus últimas boqueadas.  En este 
nuevo contexto, todos los grupos del "establishment", aun los 
más conservadores y refractarios a cualquier cambio, 
percibirán muy pronto que este ciclo se encuentra en su fase 
terminal.  De aquí en más, si esos grupos desean seguir 
operando en este país, deberán efectuar una drástica 
"reingeniería" de sus estrategias, en el marco de nuevas 
reglas de juego, que serán muy distintas de las actuales.  No 
es seguro que todos quieran hacerlo.  Pero quienes lo hagan 
deberán aceptar tasas de beneficio civilizadas y políticas 
que no impliquen el saqueo del patrimonio nacional, pues una 
vez matada la gallina de los huevos de oro, nadie puede 
pretender que los siga poniendo.  Por otra parte, téngase 
presente que si no se diera un fuerte golpe de timón y no se 
rectificara rápidamente el rumbo actual, en los próximos 
tiempos, en la mejor de las hipótesis, sobrevendría de una 
manera obligada un agudo "default" (cesación de pagos 
externos)..  Teniendo en cuenta que el único deseo de los 
acreedores es cobrar la mayor cantidad posible, si se 
produjera el "default" en cuestión, o su simple amenaza, el 
Sr.  Cavallo habría perdido su virtud esencial - la de ser un 
buen pagador - y en ese caso tanto les daría lo mismo el 
actual ministro de economía que cualquier otro.  Aclaremos 
que en cualquiera de las dos hipótesis (permanencia del Sr.  
Cavallo o recambio), los organismos internacionales de 
crédito - dado que ya no existe un prestamista de última 
instancia, como se verá luego - no prestarán un solo centavo 
más ni moverán un solo dedo para impedir que se produzca en 
el plano local una hecatombe monetaria, financiera y 
económica de una magnitud hasta ahora desconocida.  Quienes 
crean que se puede atemorizarlos y obtener concesiones 
señalándoles las inevitables y catastróficas repercusiones 
sociales y políticas de esa falta de créditos en el plano 
local, se equivocan.  Es necesario ser totalmente realistas: 
de la trampa mortal en que se ha convertido la 
convertibilidad no se sale con ilusiones ni con medias 
tintas.

V.  SE DEBE DESCARTAR POR COMPLETO CUALQUIER DEVALUACIÓN 
El autor mantiene - con respecto a nuestro país y en las 
duras condiciones actuales, aclaremos - una posición 
claramente keynesiana, privilegiando por sobre todas las 
cosas el nivel del empleo y la reactivación económica.  A 
estos objetivos ineludibles se deben supeditar todos los 
instrumentos disponibles del arsenal económico.  La salida es 
clarísima, y consiste en llevar de nuevo el índice 
desmonetización a niveles razonables.  A pesar de la 
convertibilidad, eso carece de toda dificultad técnica.  La 
puesta en marcha de soluciones adecuadas tiene antecedentes 
muy conocidos.  Los métodos a emplear para salir de la crisis 
ya fueron aplicados con pleno éxito en diferentes épocas, y 
en distintos países, que padecían problemas aún peores que 
los nuestros.  Para aclarar el panorama, señalemos en primer 
lugar que se debe rechazar de plano cualquier devaluación, 
directa o indirecta, del peso argentino, cuyas consecuencias 
serían terroríficas en forma inmediata.  Por ende, de una 
devaluación, ni hablar.  En efecto, lejos de remonetizar los 
circuitos económicos, éstos se desmonetizarían aún más, como 
lo demuestran, sin ninguna excepción, todas las devaluaciones 
realizadas hasta la fecha.  El motivo real del sólido apoyo 
prestado hasta ahora por el "Grupo de los 8" y demás sectores 
del "establishment" al actual ministro de economía es 
justamente que temen - y con razón, desde su punto de vista - 
que cualquier recambio abriría en forma casi inmediata las 
compuertas a una devaluación que lo arrasaría todo hasta sus 
mismos cimientos.  Pues, más que cualquier otro país...  
salvo los Estados Unidos, los pasivos de esos sectores están 
casi totalmente dolarizados, cuando no están nominados 
directamente en marcos alemanes, yenes, francos suizos, oro u 
otras divisas duras (lo cual es aún peor).  Mientras tanto, 
sus activos locales están en pesos.  Capear el temporal en 
esas condiciones es simplemente utópico.  Para el sector 
público, las consecuencias de una devaluación serían 
tremendas.  Si ya ahora es arduo satisfacer los más mínimos 
compromisos financieros contraídos por la Nación con sus 
acreedores internacionales, tanto estatales como privados, es 
obvio que una devaluación mandaría a pique las cotizaciones 
de todos los títulos estatales internos y externos y haría 
entrar en pocos días al sector público en "default" total, 
sin atenuantes ni justificativos posibles, y sin soluciones a 
la vista.  No menos impolítica sería esta medida para los 
numerosos miembros de la clase media, que creyeron a pie 
juntillas en el carácter perenne de la ley de 
convertibilidad.  Su nivel de endeudamiento en dólares es 
menor que el de los sectores arriba mencionados, pero de 
cualquier manera, se verían fuertemente afectados en sus 
deudas pagaderas en incómodas cuotas mensuales dolarizadas.  
En caso de que la devaluación se transformara - como es 
prácticamente seguro - en una incontenible estampida 
inflacionaria, esas cuotas se volverían impagables.  Teniendo 
en cuenta que en dólares se pagan casas, departamentos, 
alquileres, coches, televisores, heladeras, otros artículos 
electrodomésticos, maquinarias, hardware y software, etc., es 
fácil imaginar el efecto político de semejante decisión.  No 
habría ministro de economía ni gobierno capaces de aguantar 
sus consecuencias, junto con un desempleo que ya afecta total 
o parcialmente a la mitad de la población, y que amenaza por 
eso mismo a buena parte del resto.  En ese momento, todo se 
vuelve "fusible"...  y todo funde.  A la luz de esta 
situación, sería una verdadera locura tirar por la borda la 
única ventaja real que nos puede dejar la convertibilidad, 
reemplazando una moneda dura, mejor dicho, semidura, como el 
dólar, por una moneda absolutamente blanda, que iniciaría de 
inmediato una carrera incontenible hacia la desvalorización 
total.  No por eso mejoraría en lo más mínimo la balanza 
comercial (pues el comercio exterior, de todos modos, se hace 
y se seguirá haciendo en dólares por un plazo aún indefinido) 
ni la balanza en cuenta corriente, que por el contrario se 
desbarrancaría por completo, a causa de la escasez y el alto 
costo en pesos de las divisas.  En este contexto, la única 
solución sensata, viable y conveniente para el país consiste 
en reemplazar una moneda dura por otra todavía más dura y 
digna de confianza que la actual, al mismo tiempo que se 
remonetiza la economía por métodos no inflacionarios.  No hay 
problemas técnicos que impidan alcanzar ambos objetivos.  El 
primero se logra vinculando el peso con una "canasta" de 
monedas duras y "commodities".  El segundo, emitiendo una 
moneda no convertible: es un método avalado, como lo veremos, 
por una amplia y prolongada experiencia internacional, que 
pertenece a tramos muy conocidos de la historia económica de 
nuestro tiempo.  No se debe olvidar que la devaluación fue 
siempre el caballito de batalla de los beneficiarios del 
modelo agroexportador...  en perjuicio del resto del país.  
Volver a caer en semejante trampa, más que secular, hablaría 
muy mal de la sensatez y de la inteligencia de los 
argentinos, y de su capacidad de aprender a partir de los 
errores y las lecciones del pasado.  El autor de este 
documento se niega en redondo a participar en cualquier 
esquema económico y monetario que emplee la devaluación como 
método para remonetizar la economía.  La razón es obvia: no 
quiere ser cómplice del desastre que sobrevendría 
inevitablemente, y con mayor razón teniendo en cuenta que se 
puede evitarlo por completo.

(continúa)

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca 
nada porque empieza por depreciarse a sí mismo".
Pedro Albizu Campos, compatriota puertorriqueño de todos 
los latinoamericanos.
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