[R-P] VASALLAJE - Ignacio Ramonet; noviembre 17 de 2002.

Nelson Bergamasco elllamador en 550m.com
Jue Nov 21 06:04:41 MST 2002


VASALLAJE
Ignacio Ramonet; noviembre 17 de 2002.
Tomado de www.mundoarabe.org



Un imperio no tiene aliados, sólo tiene vasallos. La mayoría de los estados
miembros de la Unión Europea parecen haber olvidado esta realidad histórica.
Ante nuestros ojos, y bajo las presiones de Washington que los conmina a
involucrarse en su guerra contra Irak, países teóricamente soberanos se
dejan de este modo reducir a la triste condición de satélites.
Nos hemos preguntado con insistencia qué es lo que había cambiado en la
política internacional tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Tenemos la respuesta tras la publicación, el 20 de septiembre, por parte de
la Administración norteamericana, de un documento en el que se definía la
nueva "estrategia nacional de seguridad de Estados Unidos". En lo sucesivo,
la arquitectura geopolítica mundial cuenta con una única superpotencia en su
cúspide, Estados Unidos, que "goza de una fuerza militar sin parangón", y
que no dudará "en actuar en solitario, si es preciso, para ejercer (su)
derecho de autodefensa actuando a título preventivo". Una vez identificada
una "amenaza inminente", "Norteamérica intervendrá antes incluso de que la
amenaza se concrete".
Claramente, esta doctrina restablece el derecho a la "guerra preventiva" que
Hitler aplicó en 1941 contra la Unión Soviética, y Japón, ese mismo año, en
Pearl Harbor, contra Estados Unidos... Ésta borra de un plumazo un principio
fundamental del derecho internacional, adoptado al finalizar la guerra de
los Treinta años, en el Tratado de Westfalia en 1648, en el que se
establecía que un Estado no interviene, y sobre todo militarmente, en los
asuntos interiores de otro Estado soberano (principio burlado en 1999 con la
intervención de la OTAN en Kosovo...).
Todo esto significa que el orden internacional fundado en 1945, al final de
la Segunda Guerra Mundial y dirigido por la Organización de las Naciones
Unidas (ONU), acaba de tocar a su fin. A diferencia de la situación que el
mundo ha conocido durante una década, tras la caída del muro de Berlín
(1989) y la desaparición de la Unión Soviética (1991), Washington asume, en
lo sucesivo, su posición de "líder global", sin complejos. Y esto, además,
lo hace con desprecio y arrogancia. La condición de imperio, hace poco
considerada como una acusación típica de un "antiamericanismo primario", es
reivindicada abiertamente por los halcones que pululan en el seno de la
actual administración Bush.
Apenas mencionadas en el documento del 20 de septiembre, las Naciones Unidas
quedan, en consecuencia, marginadas, o reducidas a una mera oficina de
registro que debe someterse ante las decisiones de Washington. Y es que
ningún imperio acata una Ley que no haya sido promulgada por él. Su ley de
convierte en Ley Universal. Y hacer que todos respeten esta Ley, si es
necesario por la fuerza, se convierte en su "misión imperial". El círculo
queda, por lo tanto, perfectamente cerrado.
En el ambiente de intimidación de esta preguerra con Irak, y sin tomar
conciencia forzosamente del cambio estructural en curso, muchos dirigentes
europeos (en Reino Unido, Italia, España, Países Bajos, Portugal, Dinamarca,
Suecia...) adoptan ya, respecto al imperio norteamericano, como el
movimiento reflejo de un caniche, la actitud de servil sumisión que hace
hincar la rodilla a los fieles vasallos. Malvendiendo, de paso, la
independencia nacional, la soberanía y la democracia. Mentalmente, estos
dirigentes han cruzado la línea que separa al aliado del enfeudado, al socio
de la marioneta. Imploran para sus ejércitos, en la batalla que se anuncia,
la función tan poco gloriosa de tropas de reserva. Y si es posible, tras la
victoria norteamericana, unas gotas de petróleo iraquí...
Porque nadie ignora que, más allá de los argumentos aducidos, uno de los
objetivos principales de la guerra contra Irak es efectivamente el petróleo.
Apoderarse de las segundas reservas mundiales de hidrocarburos permitiría al
presidente Bush transformar completamente el mercado petrolífero del
planeta. Bajo protectorado norteamericano, Irak podría doblar rápidamente su
producción de crudo, lo que comportaría inmediatamente la bajada de los
precios del petróleo y, quizá, la reactivación del crecimiento económico de
Estados Unidos. Además, esto permitiría apuntar hacia otros objetivos
estratégicos.
En primer lugar, asestar un duro golpe a una de las bestias negras de
Washington, la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y
de rebote, a algunos de sus países miembros, en particular Libia, Irán y
Venezuela (aunque algunos países amigos no se salvarían, como México,
Indonesia, Nigeria o Argelia...)
En segundo lugar, el control del petróleo iraquí favorecería un
distanciamiento con respecto a Arabia Saudí, cada vez más, considerada el
santuario del islamismo radical. En un (improbable) guión wilsoniano de
reestructuración del mapa de Oriente Próximo, anunciado por el
vicepresidente Richard Cheney, Arabia Saudí podría ser desmantelada y
establecer un emirato independiente, bajo protectorado norteamericano,  en
la rica provincia petrolífera de Hassa, donde se encuentran los principales
yacimientos de petróleo Saudíes, y cuya población es mayoritariamente
chiíta.
En una perspectiva como ésta, el conflicto contra Irak no sería sino la
antesala, a corto plazo, de otro ataque contra Irán, país ya clasificado por
Bush como miembro del "eje del mal". Las reservas iraníes en hidrocarburos
vendrían a completar el fabuloso botín del que espera apoderarse Washington
en esta primera guerra de la nueva era imperial...
¿Puede Europa oponerse a esta peligrosa aventura que comienza? Sí. ¿Cómo? En
primer lugar, utilizando su doble derecho de veto (Francia, Reino Unido) en
el seno del Consejo de Seguridad de la ONU. En segundo lugar, bloqueando el
instrumento militar de la OTAN, con el que cuenta Washington para su
expansión imperial y cuya utilización está sometida. Pero, en los dos casos,
éstos deberían entonces comportarse como verdaderos socios. Y no como
vasallos.






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