[R-P] sobre Venezuela

Bibiana Apolonia bibiapo en sinectis.com.ar
Mie Nov 13 01:41:54 MST 2002


http://www.analitica.com/bitblioteca/roberto/dirigencia.asp

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Martes, 12 de noviembre de 2002     
 
Roberto Hernández Montoya, Director 
Revista Question, Caracas, martes 5 de noviembre de 2002


Con sus hijos Hannah y Herman en Coro, Venezuela, agosto de 2000.

El cañón truena, los miembros vuelan; se oyen el gemir de las víctimas y el rugir de los sacrificadores. Es la humanidad que lucha por su felicidad.

Charles Baudelaire sobre la Revolución de 1848

Para ser político hay que carecer de sentido del ridículo. Por eso los políticos dicen hoy una cosa y la contraria mañana. Como los aficionados al béisbol: gana la discusión el que dice el disparate más atroz. Un político dice que este gobierno irrespeta los derechos humanos y pertenece a un partido que inventó la figura del desaparecido o ejecutó las masacres de Cantaura, Yumare, El Amparo o febrero de 1989. Esos mismos dieron un golpe ante millardos de televidentes del mundo y ahora dicen que no fue golpe. Otro, por el lado contrario, ensalza al Che cada diez párrafos y se sorprende de que la gente de clase media y alta se le espante. ¿Qué persigue con semejante estrategia?

Será por eso que nunca me metí a político.

El genial novelista mexicano Jorge Ibargüengoitia escribió una novela, Los relámpagos de agosto (Caracas: Archivos-Conac-CELARG, 2002), en la que un general corrupto, no demasiado ficticio, se defiende de las acusaciones de sus enemigos. Mejor ni lo hubiera intentado, pues, al carecer totalmente de sentido ético, la defensa es peor que la acusación (ver un genial ejemplo de humorismo involuntario similar haciendo clic aquí). Igual ocurre en Venezuela. Organizan una marcha. La gente, espantada por las menciones al Che (o a Mao) cada diez minutos, acude entusiasmada porque hasta ese día dura Hugo Chávez, pero al final tiene que presenciar el bochorno de unos desenfrenados disputándose un micrófono como si fuera un cetro. Y cuando al fin lo capturan lo usan solo para proferir interjecciones. Pero ni siquiera interjecciones coherentes entre ellos, sino que cada uno prorrumpe con su propia sarta de demasías y contrasentidos. Pluralismo, me dirás. Pero no, te respondo: Una cosa es pluralismo y otra sinrazón. Un amigo opositor me dice que si así va a mandar la oposición, mejor que se quede Chávez. Otra me comenta que las marchas de la oposición son un coitus interruptus mientras las de Chávez son multiorgásmicas.

Un día después del paro del 21 de octubre, 14 oficiales se pronunciaron por la televisión en el más ortodoxo estilo del golpe: la formación de oficiales detrás de uno que monótonamente lee un pronunciamiento. Todos de pie con aquella cara de patibularios. La puesta en escena no ha variado en más de un siglo. ¿Qué entiende cualquiera que vea eso en Sicilia, en Cochabamba? Que le dieron un golpe a Chávez. Inmediatamente los diputados chavistas rechazaron el pronunciamiento. No así los de la oposición, que no aparecieron ese día para la televisión. Señal —no sé qué piensas tú— de que los cogieron desprevenidos y no sabían qué declarar esos declaradores profesionales (es lo único que saben y lo hacen mal). «¡Nos dejaron fuera!», deben haber pensado convulsos cuando vieron a los generales en la cadena de emisoras privadas. Después de 48 horas de maquinaciones, fueron acudiendo desglosados a la Plaza Francia, a donde convocaron los pronunciados a ejercer lo que llamaban «desobediencia legítima». Pero los civiles no fueron a dar apoyo a los pronunciados sino para intentar dejarlos fuera de su elipse de una ambición de poder. Carlos Ortega, presidente impugnado de la central obrera, advierte a los militares que no se «engolosinen». Carlos Fernández, presidente encargado de la patronal, declaró, cuando le dijeron que el pueblo se alzaría ante un golpe: «Los militares se encargarán de eso». Solo para «eso» hacen falta, según él. Son militares de quita y pon.

Los quita y pon decretan que la Plaza Francia es «territorio liberado». En la academia no les enseñaron el significado de esa expresión. Cuando Fidel vibraba en la montaña, «territorio liberado» eran las zonas que iban arrebatando militarmente a la dictadura de Fulgencio Batista. Como en el Vietnam con el Vietcong. No soy militar, pero creo entender algunas cosas. En un territorio liberado hay una legalidad distinta, supongo. ¿Si no para qué? Entonces uno se pregunta —si es que no es así, pues los pronunciados hablan en nombre de la Constitución— qué entienden por territorio liberado: si hay que pedir visa, por ejemplo. Pues sí, tal cual: los vecinos de la plaza deben mostrar un salvoconducto para entrar y salir de sus residencias, asediadas por los aguerridos oficiales día y noche con altoparlantes a todo volumen, respaldados por el alcalde que debiera estar encargado de aplicar alguna ordenanza contra ruidos molestos. Esa es la idea de libertad que traen: desprecio olímpico por los demás (no importa no dejarlos dormir durante días y días; no importa imponerles un sistema de salvoconductos, amenaza de agresión violenta si protestan, etc.). Todo bajo la mirada complacida y complaciente del mismo alcalde que durante el golpe apresó gente posando para la televisión, en plan de esbirro. ¡Eso sí es democracia!

Hablando del Che. Guevara es el autor de la tesis del «foquismo»: un foco de guerrilleros se instala en un territorio liberado (precisamente) y se multiplica en mil focos nacionales e internacionales, para que haya «un, dos, muchos Vietnams» en el mundo, como decía el Che. La cosa funcionó en Cuba.

Ahora tenemos una variante del foquismo en la Plaza Francia, pero de derecha. Ha rendido poco: unos cuantos vehículos ornados con banderas, luces intermitentes y un corneteo ostinato «taatatatá», que uno no sabe si calca la consigna antichavista «¡ni un paso atrás!» o la chavista «¡no volverán!». De ahí no pasa el efecto épico del foco liberado de la heroica Plaza Francia. En una semana llevaban 52 oficiales pronunciados, de alrededor de 15.000 que hay en el país. A ese ritmo llegan a 2021. Tampoco toman otras plazas. Los cacerolazos disminuyen en la misma proporción en que aumenta la histeria de los que van quedando. El martes 29 de octubre convocaron a un cacerolazo para que lo oyera César Gaviria, el Secretario General de la OEA. Fracaso total. Lo que extraña, después de cacerolazos tan estruendosos al principio de la Epopeya de la Plaza Francia. Asedian en un restaurant al Comandante de la Guardia Nacional y en el mismo acto lo acusan de dictatorial. A una señora la confunden con la esposa del Vicepresidente Ejecutivo de la República y casi la linchan. Eso sí es democracia.

El paro del 21 de octubre fue un éxito, dijeron los medios, solo porque no abrieron los comercios de los barrios pudientes. El sector privado contribuye apenas con el 21% del PIB y no todo él fue a la huelga. No detuvieron el sector petrolero —casi el único de la economía venezolana. Tampoco pararon la industria metalmecánica, ni la Zona del Hierro, ni el aluminio, ni los bancos, ni los supermercados, ni los empleados públicos, ni el transporte. O sea, el resto de la economía. El consumo eléctrico bajó solo el 3%. Pero de que fue un éxito, fue un éxito... Las franquicias de churros pararon. Más victoria imposible. Ya suenan los claros clarines.

Y hablando de 2021, Chávez dice que llegará hasta ese año, pero no aclara en condición de qué. Alguna vez puntualizó que estaría en la política hasta ese año, no en la Presidencia, pero al no precisar ese detalle, cada vez que menciona el número 2021 lanza a miles de espantadizos miembros de la clase media en brazos de la Coordinadora Democrática, para lo que ella disponga con esa masa incauta. ¿Qué persigue con semejante estrategia?

Y hablando de clase media. Mi clase... Ya he hablado de ella acá y acullá. Añado una pincelada: debe ser horrible vivir en su estado natural de terror. A pesar de pertenecer a ella, no tengo esos terrores nocturnos. Será que nunca tuve miedo de la gente pobre. Cosas mías. Como todo paranoico, no atina a percibir dónde está el verdadero peligro. El TSJ es uno de sus focos de heroísmo, pero no por haberla exonerado del crédito mexicano, sino por haber absuelto a los generales golpistas. La clase media no sabe lo que le espera bajo un gobierno carmonista. Algo anda mal en una clase social que teme más a Chávez que al crédito mexicano, destinado a hacerla desaparecer en una sola generación. Que teme más a Chávez que a lo que pasó en la Argentina. Que teme más a Chávez que al microcrédito. Dejó de pensar por sí misma. Bueno, no toda, afortunadamente.

Gaviria, dicen los vociferantes, está vendido a Chávez. Según ese pensamiento (de algún modo hay que llamarlo) Chávez compró también a Carter, a la ONU, a Grupo de los 77 + China, a la Comunidad Andina de Naciones y al mismísimo Bush. Es más, ya al cubano Otto Reich, funcionario del gobierno estadounidense para la América Latina, lo deben estar calificando de infiltrado de Fidel. El embajador estadounidense Charles Shapiro se lo dijo en su cara a los militares pronunciados el jueves 31 de octubre, en una sus acostumbradas intromisiones en los asuntos internos de Venezuela: «Una cosa es la carrera política y otra la carrera militar». Los instó a dejar el cuartel y entrar en la liza civil. Lo mismo que dice Gaviria, lo que, por cierto, da que pensar. No sé qué habrán dicho los líderes de la oposición sobre Shapiro, pero si una de sus dirigentes (ex guerrillera foquista ella) dijo que prefería una invasión estadounidense antes que a Chávez, no extrañaría que esa señora diga ahora, con igual lucidez, que Shapiro está vendido. O comprado. En efecto: lo compraron. Con petróleo. Y estabilidad, porque esa dirigencia opositora doesn’t deliver, como dicen allá, es decir, ‘no rinde’. Así debe haberlo dictaminado algún agente de la «estación» en Venezuela de la «compañía», como llaman a la CIA en la CIA.

Propongo a los que marchan y cacerolean, que se busquen otra dirigencia, porque esta los lleva

al fracaso total, como hasta ahora, o a 
la tragedia, si triunfa, como en abril. 
Una nueva dirigencia pondría en aprietos al gobierno, criticando inteligentemente todo error o desmán. Pondría en la calle una alternativa política, económica, cultural y social viable que nos dijera, por ejemplo, qué hacer por los pobres con los pobres. Como el infeliz que vendió el sofá donde su mujer lo engañaba, hasta ahora estos dirigentes solo hablan de salir de Chávez, pero nada de la pobreza, salvo declaraciones inanes. Un liderazgo de conceptos; no de interjecciones mediáticas. Que vaya pacientemente de barrio en barrio como hizo Chávez. ¿Ese líder es Ledezma? ¿Peña? ¿Peña Esclusa? ¿Un procaz como Mendoza? ¿Energúmenos?

No es aceptable que los medios hayan sustituido al sector académico en la formulación de alternativas. Eso ocurre porque la oposición lo único poderoso que tiene son los medios. Es más: no es que los medios están con el golpismo, sino que son ellos los golpistas, como vimos durante el golpe mediático de abril. Imagínate que por dos días ningún medio mencione la Plaza Francia y verías el efecto: desaparecería porque son solo unos cientos de almas en pena. Tengo que pasar a diario por ahí. Solo la trompeta mediática es su fanfarria perversa incesante, insuficiente (para parodiar a Borges). Insuficiente porque solo cuentan con violencia simbólica y un pedazo minoritario del 21% del PIB.

Amigo opositor: Te invito, más formalmente que lo que probablemente piensas, a poner un aviso en la prensa para buscar otra dirigencia. Con ideas, capaz de hilvanar dos frases. Hay gente así en la oposición, me consta, te consta, pero silenciada por los histéricos o insólitamente embrutecida. Me consta. Te consta. Pero sí: una oposición inteligente haría cambiar al gobierno, porque también allí hay gente inteligente dispuesta a rectificar. Te consta. Me consta. Y se demostraría lo que quiero concluir: que otra oposición es posible porque otro modo de gobernar también es posible. LQQD.



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