[R-P] Sobre San Martín y los héroes

Julio Fernández Baraibar julfb en sinectis.com.ar
Sab Feb 23 18:29:34 MST 2002


Este es el tipo de inteligencia que premia la Universidad "democrática"
y el diario Clarín. Si la oligarquía pretendía crear un país sobre el
cual poder ejercer su papel de clase dominante, miserables como este
Fernando Devoto están dispuestos a vivir sin país y, lo que es peor, sin
patria.
 Fijense en esta deposición del laureado investigador. "En realidad la
patria puede ser el "dolor que se lleva en el costado sin palabra ni
grito", de Leopoldo Marechal, o "el último argumento de un bribón", del
inglés Samuel Johnson. Donde nos pongamos dentro de ese abanico extremo
de opciones nos dará la respuesta acerca de la necesidad y utilidad de
héroes patrióticos.
La basura se pone obviamente del lado del inglés.
Julio Fernández Baraibar


El ocaso de las estatuas ecuestres
FERNANDO DEVOTO.

¿Debemos humanizar a los héroes? La pregunta, aparentemente sencilla,
encubre otras quizás más importantes, seguramente previas. ¿La
Argentina, o cualquier otra nación, necesita cultivar héroes? De
responder afirmativamente, ¿cuáles son los héroes a celebrar y, sobre
todo, qué implicancias tiene elegir unos u otros y caracterizarlos de un
modo u otro? Es conocido el proceso a través del cual los nuevos Estados
nacionales fueron llevados a crear cultos patrióticos autocelebratorios.
Necesitaban instrumentos que garantizasen la cohesión social de los
ciudadanos del nuevo Estado y, a la vez, favorecieran la adhesión a los
grupos dirigentes que controlaban y se identificaban con ese Estado.
Nacieron así, en un largo proceso que culminó en el medio siglo anterior
a la Primera Guerra Mundial, las liturgias patrióticas. Héroes y
estatuas, símbolos identificatorios (bandera, himno, marchas cívicas),
fiestas patrias. La escuela tuvo mucho que ver con ello. Con el tiempo,
el deporte y otros espectáculos de la sociedad de masas contemporánea se
sumaron a la construcción de una identidad simbólica o imaginaria. Las
personas tenían algo en común sólo porque creían que tenían algo en
común. Se creyeron (y al creerlo lo fueron) argentinos, uruguayos,
franceses, italianos. Ese proceso tenía muchas similitudes con las
religiones tradicionales, era también una forma religiosa, sólo que lo
que consagraba era un nuevo Dios: la Nación. El núcleo de la creencia
era un pasado común articulado en torno a un "mito de los orígenes", en
el cual un papel importante le correspondía a aquellos que habían
participado en lugar destacado en ese proceso. Serían los héroes
convertidos por la liturgia patriótica en próceres. El Leopoldo Lugones
juvenil, que no creía en la patria ni en la burguesía, imaginaba que
toda la estatuaria de próceres que estaba poblando las ciudades
argentinas era la creación de grandes mingitorios públicos. Luego
escribiría "La Patria fuerte". En realidad la patria puede ser el "dolor
que se lleva en el costado sin palabra ni grito", de Leopoldo Marechal,
o "el último argumento de un bribón", del inglés Samuel Johnson. Donde
nos pongamos dentro de ese abanico extremo de opciones nos dará la
respuesta acerca de la necesidad y utilidad de héroes patrióticos.

Podemos admitir que todo Estado los necesite pero debemos constatar que
no todos los usan en el mismo grado ni todos los corporizan humanamente
(bien puede consagrarse un texto constitucional y no una persona). La
Argentina ha estado entre las naciones que han hecho mayor uso y abuso
antropomórfico de héroes para su exasperada religión cívica. Ha hecho,
además, un uso extensivo de militares o de personajes que, aunque no
fuesen sólo militares, eran corporizados en tanto tales (de Belgrano a
Rosas). Juan Baustista Alberdi se había quejado de ello señalando que
sería bueno para el país tener más héroes civiles. La historia no iría
en ese sentido y, por ejemplo, el progresivo lugar central de San Martín
en el santoral argentino no es ni casual ni inocente. Ocurrió en los
años treinta, cuando gobernaba el general-ingeniero Agustín P. Justo. Se
reforzaría en la década sucesiva cuando otro general, Perón, al que le
gustaba exhibirse en su caballo pinto, no dejó de aprovechar la
posibilidad de identificarse con aquél al que las estatuas consagraban
también en forma ecuestre y que, nos habían enseñado, era el mayor
prócer argentino.

¿Humanizarlos cambia la sustancia? Benedetto Croce afirmó una vez que
mirar la vida de un hombre público desde sus dimensiones privadas era
"la historia desde el punto de vista del camarero". Empero, en los
últimos años, ha emergido un mayor interés por las dimensiones
"privadas" de la experiencia y por la vida anónima de personas
corrientes, sin atributos. Ello es válido y legítimo para entender la
sociedad (o la civilización) en tanto revela dimensiones de largo plazo
de la experiencia colectiva. Es improbable su utilidad historiográfica
para estudiar a alguien en tanto que héroe. Si humanizar a personajes
públicos del pasado busca acercarlos a las personas que deben
celebrarlos hay ahí un contrasentido. Los héroes-próceres nunca son
reales siempre son construcciones imaginarias y como tales, en su
sustancia, no humanizables.

Quizás es tiempo de que los argentinos abandonen el culto de individuos,
humanizados o no y, de tener algo para celebrar, celebrarse
colectivamente a sí mismos. Como la terrible hora presente demuestra,
nadie vendrá a salvarnos, ni héroes, ni hombres providenciales, ni
mediocres dirigentes. En aquel tiempo de nuestros héroes, para los
habitantes de estos desolados territorios, quizás no fue tan distinto.


Historiador e investigador del Instituto Ravignani, Fernando Devoto
codirigió la serie de Historia de la vida privada en la Argentina. Es
docente en las unversidades de Buenos Aires y Mar del Plata y se
especializa en historia de la inmigración.







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