[R-P] Lúgubre perla rescatada en la cloaca

Gorojovsky Gorojovsky en arnet.com.ar
Jue Feb 7 19:16:41 MST 2002


Esto se publicó en el diario "La Prensa", propiedad de Amalia Lacroze de 
Fortabat. La Sra. es una de las grandes beneficiarias del Proceso, que le 
regaló un ferrocarril entero para que pueda transportar a gusto la cal y el 
cemento que produce en Loma Negra, Olavarría. Conocida en los ambientes 
mundanos de Washington y Europa por su rastacuerismo insoportable, es una 
pequeña víbora que goza en torturar sicológicamente a su personal de servicio.

Un verdadero ejemplo de la gente que conforma la clase dominante argentina.

Imperdible.

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LA GUERRA SUCIA PODRÍA REANUDARSE

Paul Lewis, autor de "Guerrilleros y Generales", una historia 
de los años de plomo en la Argentina.
"La guerra sucia podría reanudarse" 

El profesor norteamericano advierte que, si la crisis 
institucional se agrava, los argentinos llamarán a los 
militares para que pongan orden. Y existe el peligro de una 
respuesta armada de grupos de extrema izquierda. 

POR JORGE MARTINEZ 

A veces la historia reciente argentina se lee mejor si la 
escriben en inglés. Un norteamericano, Joseph Page, es el 
autor de la biografía más exhaustiva de Juan Domingo Perón. El 
profesor de Harvard Robert Potash trazó en El ejército y la 
política cuatro décadas de golpes y planteos militares. Y el 
británico Richard Gillespie produjo en Soldados de Perón la 
historia más completa y objetiva de los montoneros que se 
conoce hasta la fecha. 
Tal vez el profesor Paul H. Lewis se agregue a esa lista. En 
Guerrillas and Generals: The Dirty War in Argentina, que acaba 
de aparecer en EE.UU., repasa la violencia política que 
desangró al país, desde los años 60 hasta estos últimos días. 
Su libro incluye los juicios a las juntas militares, las 
rebeliones carapintadas y el ataque a La Tablada. Uno de los 
capítulos finales se titula "El desenlace interminable". Desde 
la Universidad Tulane, en Nueva Orleáns, donde enseña política 
de la región rioplatense, Lewis accedió a responder por correo 
electrónico el cuestionario que le acercó La Prensa.
 
Su libro no termina en 1983, con la vuelta de la democracia a 
la Argentina, sino que llega hasta estos últimos años.

-¿Es que la guerra sucia no terminó? 

-Las organizaciones guerrilleras tenían muchas capas, formadas 
por combatientes y por simpatizantes no combatientes. Esta 
última categoría era mucho más numerosa. El Proceso logró 
aplastar a los combatientes y algunos simpatizantes, pero no a 
todos. Después de 1982, los ex seguidores de ERP y montoneros 
pasaron a la ofensiva con el estandarte de los derechos 
humanos contra unas Fuerzas Armadas desmoralizadas. Su 
estrategia fue empezar con los máximos oficiales del Proceso y 
bajar en el escalafón, usando los juicios para descomponer la 
institución. Los carapintadas pudieron bloquear esto durante 
un tiempo, pero se excedieron y perdieron el apoyo inclusive 
de Menem, que en principio simpatizaba con ellos. 

Ahora los militares están desmoralizados y a la defensiva. 
Pero, si la actual crisis económica conduce al derrumbe 
completo de las instituciones de la Argentina -que son 
frágiles-, los militares inevitablemente serán llamados a 
restablecer el orden. Si al mismo tiempo grupos extremistas de 
izquierda tratan de aprovechar el caos, habrá una reanudación 
a gran escala de la guerra sucia. Espero que no pase, pero no 
puedo no temer que los dos demonios sigan en las sombras a la 
espera de hacer su reaparición. 
-Usted cita a distintos autores que minimizaron o exageraron 
la verdadera dimensión de la amenaza guerrillera. ¿Cuál es su 
opinión?
 
-Sabemos que los guerrilleros pertenecían a familias con 
buenas conexiones en el mundo de la política y la economía. 
Tenían la ayuda activa de abogados, financistas y políticos de 
los principales partidos políticos, inclusive algunos 
gobernadores y ministros más importantes. Creo que el peligro 
para la sociedad argentina venía más de esta red subversiva 
que del real poderío de combate guerrillero (aunque tampoco 
era desdeñable). Considerando a los combatientes y a su red de 
apoyo, la amenaza para la Argentina era muy grave. 

-¿Puede afirmar que la guerra sucia fue necesaria o 
inevitable? 

-Es muy claro que la guerra sucia destruyó la capacidad de la 
guerrilla de librar la guerra (y yo creo que fue una guerra). 
En perspectiva, tal vez fue un error haber derrocado a Isabel 
Perón. Habría sido mejor haberla rodeado con un gabinete 
escogido por militares, un Poder Judicial purgado, e 
interventores militares en las provincias. Y ciertamente los 
militares tendrían que haber vuelto a los cuarteles en 1979, 
tras la derrota guerrillera. Si hubieran hecho eso, tal vez no 
habrían enfrentado el castigo más tarde, porque creo que 
tenían un mandato popular para aplastar a la guerrilla. 

Dicho eso, debo llegar a la conclusión de que probablemente 
fue inevitable el uso de las tácticas de la guerra sucia. Los 
militares habían entrado en un frenesí emocional, y su 
experiencia con la amnistía de (Héctor) Cámpora los hacía 
escépticos sobre lo que pasaría tras el restablecimiento del 
gobierno civil. Decidieron asegurarse de que, cuando 
capturaban a un guerrillero, ya no volvería a combatir. 

INTELECTUALES SELECTIVOS

-¿Por qué escribió en el libro que los intelectuales 
argentinos son selectivos en lo que se refiere a derechos 
humanos? 

-No sólo los argentinos, sino también los europeos y 
estadounidenses. Comparemos sus reclamos de castigo para 
Pinochet, Videla y otros con la idolatría que sienten por los 
ex guerrilleros. Y a propósito, ¿cuántos gobernantes de los 
regímenes comunistas de Europa oriental fueron llevados a 
juicio? 

-¿Cuál es la opinión dominante de los intelectuales 
norteamericanos sobre la guerra sucia argentina? 

-El grueso de los académicos e intelectuales está en la 
izquierda, quiero decir, la extrema izquierda, la izquierda 
lunática. Para ellos los guerrilleros eran jóvenes idealistas 
que tomaron las armas llevados por su indignación por la 
injusticia social. Lo peor que podía decirse de ellos es que 
cometieron errores estratégicos. Los militares, en cambio, son 
siempre brutos y nazis al servicio del imperialismo 
capitalista. 

-¿Hubo algún cambio en esa percepción después de los atentados 
del 11 de septiembre? 

-Desde el 11 de septiembre la inteligencia de izquierda está 
confundida por la proliferación del patriotismo. Si vienen a 
EE.UU. quedarán sorprendidos por todas las banderas: en las 
oficinas, en las casas, en los autos, abrochadas a la ropa. ¡Y 
todos los carteles y las calcomanías hacen referencia nada 
menos que a Dios! Años y décadas de prédica de izquierda desde 
la prensa, las universidades, la televisión, ¿y todo para qué? 
Para que la gente crea en Dios y en la patria. 

Naturalmente, hay un peligro. Ya existe una cierta disposición 
a restringir los derechos constitucionales para erradicar a 
los terroristas clandestinos que todavía quedan en nuestro 
país. Y no hay ninguna simpatía entre la gente común por los 
derechos humanos de Al Qaeda o el talibán. De todos modos, 
creo que nuestras instituciones son firmes y podrán 
soportarlo. Pero, si hubiera otro atentado espectacular como 
los del 11 de septiembre, los norteamericanos podrían 
desquiciarse un poco.
 
RIESGO DE ANARQUIA 

Por interés profesional el profesor Lewis sigue de cerca el 
actual desplome económico de la Argentina. En su libro La 
crisis del capitalismo argentino (edición en español de 1993) 
analizó el proceso de decadencia nacional que terminó en la 
hiperinflación de 1989. Ahora proyecta otra obra sobre el 
decenio que siguió, los años de Menem y Cavallo, que parecían 
haber purgado al país de medio siglo de inestabilidad 
monetaria y desastres financieros. Pero se sabe que no fue 
así. 

-¿Temen en EE.UU. un final violento para la crisis argentina? 

-Para ser franco, no creo que a EE.UU. le importe mucho lo que 
pasa en la Argentina. Como latinoamericanista, descubrí que mi 
especialización en la región del Plata me pone un poco al 
margen de las cosas. Los norteamericanos se interesan por 
México, América Central y el Caribe. También les preocupa 
Brasil (el futuro líder del sur), Venezuela (petróleo) y 
Colombia (drogas).
 
Me incomoda ser futurólogo, pero me limitaré a decir que si el 
deterioro continúa es posible que se caiga en la anarquía. 
Pero no durará, porque la Argentina es esencialmente una 
sociedad burguesa. A la anarquía le seguirá rápidamente una 
dictadura de derecha que, una vez más, tratará de 
reestructurar la economía y ubicar a la Argentina en el 
sistema mundial. 

Creo que la Argentina podría cambiar si alguien resolviera el 
dilema de por qué nunca explotó sus ventajas comparativas. Por 
ejemplo, ¿por qué la Argentina no es el principal productor y 
exportador de productos de cuero? Otro ejemplo. Aquí (en Nueva 
Orleáns) puedo comprar duraznos, cerezas y uvas de Chile. En 
verano compro manzanas y peras de Chile. Los chilenos ganan 
mucho dinero vendiendo al mercado estadounidense, pero la 
Argentina tiene las mismas frutas. Y son tan buenas o mejores. 
Lo mismo ocurre con el vino. Son sectores en los que la 
Argentina tiene ventajas comparativas y debería generar 
divisas con la exportación, como los chilenos, pero algo anda 
mal. ¿Qué es? ¿El Estado? ¿Los empresarios? ¿Los sindicatos? 
No tengo la respuesta, pero el que la encuentre pondrá el dedo 
en la fuente original de la afección de la Argentina. 

-Los analistas coincidían en que el derrumbe argentino no 
tendría impacto en el resto del mundo. Hasta ahora fue así, 
pero ¿qué impacto cultural o ideológico tendrá en América 
latina? 

-Los populistas van a culpar al neoliberalismo, al capitalismo 
mundial, a las finanzas internacionales y, tarde o temprano, a 
la conspiración judía internacional. Pero el populismo sólo 
medra cuando hay una gran alteración en la economía mundial, 
como en la gran depresión o las dos guerras mundiales. A falta 
de eso, el neoliberalismo es lo único que queda.
 
UN EXPERTO EN SUDAMÉRICA
 
Paul H. Lewis es un especialista en temas latinoamericanos. 
Dedicó varios libros y artículos al sistema político de 
Paraguay y al régimen de Alfredo Stroessner. También abordó la 
crisis económica argentina de 1989. Entonces se sintió atraído 
por la violencia que dividió al país hace treinta años. 

Lo hizo por afán de contradicción. "Me fastidiaba el coro de 
aprobación casi unánime de los intelectuales norteamericanos 
hacia los ex guerrilleros y su condena del Proceso -explica-. 
Pensaba que estaban muy inclinados hacia un lado y empecé a 
buscar otras evidencias y otras opiniones". 

Su investigación comenzó en 1992 y, mientras trabajaba y 
viajaba varias veces a la Argentina, se sintió fascinado por 
una pregunta moral o psicológica: ¿qué lleva a las personas a 
torturar y matar a sangre fría? 

"Mi respuesta personal fue: el idealismo. Muéstrenme un 
idealista y verán a alguien capaz de cortarle el pescuezo al 
vecino por una causa superior", afirma. 

Copyright La Prensa 1996-2000



Néstor Miguel Gorojovsky
gorojovsky en arnet.com.ar

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Compañeros del exercito de los Andes. 

...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos: 
sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos 
tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos 
vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres, 
y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: 
seamos libres, y lo demás no importa nada...

Jose de San Martín, 27 de julio de 1819.

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